Amnistía: la palabra esperada
“Quizás las historias que menos toquen los medios, por lo repetitivo que pueda parecer, sea la visión de la familia ante la falta de amnistía”. La Real Academia la Lengua Española, RAE, define amnistía como el olvido legal de delitos. La oposición al gobierno venezolano lo incluye en su diccionario como la carta principal para el proceso de diálogo en el país. Desde aquel encuentro televisado, el pasado mes de abril, entre el gabinete de Nicolás Maduro y las fuerzas políticas que lo adversan, la palabra se ha colado en los titulares por la petición de un instrumento legal donde se dé libertad a todo aquel apresado durante la llamada “Revolución del Siglo XXI”.
Nombrar a Ivan Simonovis, sentenciado a 30 años de cárcel por los sucesos de abril de 2002, es tocar uno de los casos más sonados por su condición médica pero en ese abanico no se sopla al dirigente político Leopoldo López y a los alcaldes Daniel Ceballos y Enzo Scarano, presos civiles en instalaciones militares inculpados por los sucesos del primer trimestre de 2014. Entre toda la carne que no ha caído en esta brasa están los estudiantes, al menos no entre las solicitudes oficiales.
Naibet Soto, una de las activistas en Internet que más ha ayudado a dar luces en el conflicto criollo, resalta como un ejemplo lo sucedido la primera semana de mayo: se llevó a tribunales la audiencia más grande de nuestra historia justamente con jóvenes detenidos por acampar en espacios públicos como medida de protesta. La jornada arrojó un saldo de once presos, cuatro con libertad bajo fianza y 156 bajo régimen de presentación.
“Cada sentencia contra un estudiante es un aval a la criminalización de la protesta, por lo que tenemos 11 nuevos presos políticos”, indicó en su cuenta de Facebook, Soto.
La Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, difiere con el término. En una reciente declaración a la prensa local usó el término para diseccionarlo: “los presos políticos están presos por sus ideas y en Venezuela los privados de libertad tienen delitos”. Esto la ha llevado a decir que estaría de acuerdo con una hipotética Ley de Amnistía “siempre y cuando no implique impunidad”.
La ficha que destranque este juego de dominó quizás se consiga con la sociedad, organizando el clamor y redirigiendo la consulta, ya con más peso, hacia el estado. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha dejado claro que la petición no golpeará sin fuerza en la mesa de diálogo. El secretario ejecutivo de este conjunto de partidos opositores, Ramón Guillermo Aveledo, llegó a asegurar que agotarían todas las vías y eso incluye la recolección de firmas para proponer el instrumento legal ante la Asamblea Nacional.
“Nosotros planteamos en el diálogo la Amnistía, porque pensamos que era el camino más práctico, pero el gobierno no quiere. En eso nosotros tenemos derecho a buscar el respaldo en la gente”, indicó a la prensa Aveledo, dejando claro el camino.
El otro lado
Quizás las historias que menos toquen los medios, por lo repetitivo que pueda lucir, sea la visión de la familia ante la falta de Amnistía. En una carta, de dominio público en 2013, la hija de Ivan Simonovis indica parte de su sentir: “Esta es la segunda vez que les escribo. No me da pena insistirles. El dolor puede más que la pena. Les juro que ya no puedo más. Ya me cansé de llorar. Estoy agotada. Quiero pedirles de nuevo un poco de clemencia. Ya mi papá, Iván Simonovis, y todos nosotros, su familia, hemos sufrido demasiado. Sufrir cansa. Llorar cansa (…) Un gesto de nobleza no les va a hacer perder nada de lo que tienen y, en cambio, los hará más humanos. Quiero volver a tener 15 años y un padre a quién abrazar. No tengo más argumentos. Solo un exceso de dolor”.
Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, en diversas entrevistas ha dejado clara su posición de no rendirse hasta que se libere al dirigente. Se ocupa tres veces a la semana en visitar al dirigente y de ir con sus hijos, Manuela de cinco años y Leopoldo todavía de meses. “(Manuela) me ha preguntado mucho por él. Siempre le digo que está en un entrenamiento militar en un edificio y que estará por un tiempo ahí por Venezuela. Que está haciendo ese entrenamiento para Venezuela y por Venezuela”, dijo recientemente al diario El Nacional.
Su agenda, sin embargo, no coincide con la de la familia de Simonovis o con otros presos en similares condiciones, ni mucho menos con la de la MUD que justamente busca impulsar un instrumento legal para liberarlos a todos. No hay un principal propulsor ni demandante, sólo voces en coro donde se incluye a los padres de estudiantes y a aquellos que ven vulnerados sus derechos.
La amnistía
Según la Organización No Gubernamental Foro Penal Venezolano, ya se han realizado 2 mil 569 detenciones en Venezuela desde el 4 de febrero. Ocho personas detenidas con condiciones especiales, 130 privados de libertad y 1436 personas con medidas cautelares. Todo esto ocurrió mientras se hablaba de diálogo y de paz.
Pedir amnistía para todos ellos se hace imposible y más con las condiciones de proceso penal. La MUD contabiliza entre 2 mil y 3 mil retrasos en enjuiciamientos, por lo que una ley en este tipo debería ser minuciosa, detallada y tomando en cuenta a esta población que sufre una lenta agonía en las cárceles venezolanas mientras determinan si acaso son culpables.
En los últimos quince años el instrumento legal sonó en boca del gobierno venezolano una sola vez: en 2007 cuando mediante decreto fue sobreseído todo aquel relacionado a los hechos de abril y diciembre de 2002, aunque con algunas restricciones. Para entonces, el mandatario Hugo Chávez informó que se haría como “demostración de que queremos la paz y que haya fuerte debate político y social pero en paz”. No hay señales de que se vaya a repetir esa experiencia firmada por un hombre que también obtuvo de un presidente el olvido legal por sus delitos, pero las intenciones están.
Falta ver si llega el tan anhelado momento donde esa palabra se incluya legalmente en el diccionario venezolano.
*Fotografías sin créditos adjudicados. Si conocen al autor o autora, no duden en indicarlo.
Antes de las nueve
Reviso mi agenda. La primera parte de la mañana consiste en comprar
pasaje de bus para viajar a Caracas a final de mes, ir a la facultad para pedir una constancia de que hago un posgrado
y llegar lo más cercano a las nueve de la mañana a la oficina sin gastar más de
mi quincena en transporte.
El reto comenzaba desde muy temprano en Maracaibo.
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| Fotografía: Nathalie Fernández |
- Yo creo que dentro de poco vamos a subastar las carreras. Para como está la situación, para allá es que vamos.
Se disculpa conmigo porque el precio al terminal privado subió de 80 bolívares a 100. Se queja de la falta de repuestos, del precio de los insumos de reposición, del costo de la vida, del dólar y de la ausencia de propuestas de la oposición al gobierno nacional.
-Ve. Fijáte cómo están en esa esquina. Desde la madrugada andan esperando para comprar una batería.
Señala por varios segundos un establecimiento donde la hilera
de vehículos se formaba. El primero era un carro por puesto. Con crema para
zapato como tinta tenía marcado el número uno encerrado en un círculo.
Sucesivamente la fila serpenteaba entre una mueblería, kioscos y un pequeño supermercado.
Los automóviles lucían de todo tipo y algunos auxiliaban a otros que se quedaban durante la espera.
Los automóviles lucían de todo tipo y algunos auxiliaban a otros que se quedaban durante la espera.
-Yo la verdad no sé a dónde va a parar todo esto.
A su lamento le siguió el silencio. Al llegar a la estación de bus me despidió como un padre lo haría con su hijo con un viaje de por medio.
-Que Dios y la Chinita te protejan
8.05 am. Varias personas llegan, probablemente de Caracas. Entre el bullicio y el ajetreo de las maletas hago espacio hasta acercarme a la venta de boletos. Una chica de unos treinta y tantos mira el monitor mientras teclea con cierta dificultad por las uñas artificiales color rosa de tres centímetros de largo.
Le hago saber el destino, la fecha y la hora que quiero tras un saludo. Apenas devuelve los buenos días. Sin quitar la vista de la pantalla, acierta con la selección, pasa la tarjeta de débito, coloca el sello y resalta con bolígrafo los datos que no debo obviar.
Me grita algunas indicaciones por el
orificio que deja el vidrio de la taquilla. Asiento y me despido casi con la
misma frialdad con la que me atendió.
Cruzo la calle. Una señora de cabello gris, con varias bolsas en sus manos y un pantalón más ajustado de lo que debería me indica que puedo tomar cualquier bus porque todos pasan cerca de mi próximo destino.
-Preguntá de todas maneras, no vaya a ser que terminéis en el coño viejo.
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| Pasarela de Humanidades. Crédito: Noticiaaldía |
Me deja en una pasarela que tardó años en construirse y que hoy poco se usa. Se erige como un verdadero monumento pero poco queda de su idea original. La paso con sigilo, siempre buscando estudiantes con los que pueda compartir el camino.
Apresuro el paso en el campus universitario. Camino en zigzag entre estudiantes que retoman los espacios después de meses de ausencia, entre monte con semanas –quizás meses- sin podar y de vendedores informales ubicados en puntos estratégicos y que hasta mango con adobo tienen en su portafolio de ventas.
Llego algo agitado, con sudor en la frente, al posgrado. Me consigo con una cola de tres personas. Después de mirar a los lados y de ver las caras de resignación lo entiendo. No había nadie en la caja.
8.45 am. Para pedir la constancia de estudio basta con pagar y pedirle a la secretaria docente que firme el documento. El sistema de pago estaba caído al momento de mi llegada y la señora que recibía posteriormente el trámite no había llegado.
-He venido dos veces en menos de un mes a inscribirme y me han peloteado. Lo malo es que yo no soy de aquí.
Otra chica de la cola comparte un comentario similar a diferencia que vive más lejos, o en el coño viejo como diría la señora frente al terminal.
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| Facultad de Humanidades y Educación LUZ. Crédito: LUZ |
La siguiente en el tramo burocrático no ha llegado, pero logro contactar a su asistente. Gracias a ella descubro que la más buscada tiene siempre un collar y un dije con su nombre, como si se tratase de un pastor alemán.
-Es fácil de ubicar gracias a eso.
La secretaría pícaramente se sonríe por la gracia buscando complicidad. La acompaño en el gesto.
Me largo con el mismo trote apresurado de la llegada. En el
camino saludo a profesores y me consigo esperando taxi a las mismas personas
que vi en la caja. Una de ellas me mira, como si me conociera de toda la vida, y
me hace un gesto de solidaridad.
-Uno en este país no sale de una cola.
Ya estaba sobregirado por 10 minutos de mi hora de entrada. Llegar antes de las nueve de la mañana ya no era posible. Mi meta ahora era salir del recinto universitario y chequear lo más pronto posible en mi sitio de trabajo.
No tardó mucho en llegar una antigua Jeep Wagoneer con ventanas de color oscuro y una corneta que haría temblar a los cargueros en el Lago de Maracaibo. Un hombre casi de mi edad se asoma del carcamal, despliega un chiste al coordinador de las salidas y me invita a montarme.
-Verga chamo, te llevo nada más porque voy a la intendencia (justo diagonal a mi destino).
Me comenta que es recién graduado en informática en un politécnico que “no se paró a diferencia de los sinvergüenzas estos” durante los eventos de febrero y marzo pasado en Venezuela.
En menos de veinte minutos que dura la travesía revela que no está de acuerdo con ninguna posición política en el país y que realmente necesita ver un cambio lejos de las opciones tradicionales.
Antes de dejarme frente al edificio garabatea su número telefónico y su nombre en la parte posterior de un papel publicitario que tenía en el tablero del carro y me lo da.
-Cualquier verga, si necesitáis un taxi aquí estoy.
En la espera del ascensor comentan que en la mañana sacaron leche y galletas de soda en el supermercado de la esquina. Una señora más joven que la otra lamenta no haber llegado a tiempo mientras que la segunda revisa su teléfono.
-Después volvemos a pasar a ver si vuelven a sacar algo.
Subo al piso once. Saludo durante todo mi camino a la máquina chequeadora. El reloj me deja saber que llegué 43 minutos después de las nueve.
Enciendo el computador. Guardo parte del almuerzo en la nevera. Me percato de que la conexión a Internet no despeina de rápido pero funciona. Me relajo. El día comienza.
El cantante de Uniseis
Es un viernes a mitad de mañana. El sol en Maracaibo está para dejar ciego a quien no lleve lentes oscuros y hasta para derretir la tinta de los periódicos.
El bus de Uniseis hace su acostumbrada ruta por el corredor vial de Cecilio Acosta con pocos usuarios. En una de las tantas paradas de su camino, sube a bordo un personaje trigüeño, en sus veintes, con camisa manga blanca y rayas azules, pantalones turquesa hasta las rodillas y zapatos amarillos.
Lleva el cabello corto, casi al ras, con una fina y sencilla trenza bajándole desde la parte posterior de su cabeza hacia la zona baja de la espalda. La punta finaliza con pequeñas ligas de colores y sus anteojos oscuros tienen un marco que le hace juego con el calzado.
“Ante todo buenos días”, dice. No consigue respuesta. Repite el saludo con tanta intensidad que la reacción natural fue de varias señoras tocando su cartera o bolso creyendo que iban a ser atracadas.
-Vengo a cantarles algo para que disfruten.
Saca debajo de su brazo una corneta del tamaño de una botella de vino. Se ve nueva pero de dudosa calidad. No tiene cables pero sí varios botones y una tarjeta de memoria que rompe la armonía en su superficie.
Una bachata harta conocida dentro de las radios populares comienza a sonar. No despliega voz sino una pista musical, suerte de karaoke para el intruso.
Al abrir su boca, el tono de la canción concuerda con la del cantante original: un puñal danzante en el corazón a la vista de todos.
-AMARTE COMO TE AMO ES COMPLICAAADO. PENSAR COMO TE PIENSO ES UN PECAADOO…
Perfora con la mirada, a través de la montura oscura, a varios pasajeros mientras se pasea en el pasillo de la unidad junto a la corneta de fabricación china. Baila moviendo sus hombros mientras el contador regresivo del semáforo se queda en un eterno cinco.
-YA NO SÉ QUE HACER, PARA QUE ESTÉS BIEN. SI APAGARA EL SOL PARA ENCENDER TU AMANECER. FALAR EN PORTUGUÉS, APRENDER A HABLAR FRANCÉS O BAJAR LA LUNA HASTA TUS PIEEEES.
El coro coincide con la parada más larga del tramo. Mientras anuncia como el autor que sólo quiere darle un beso, el conductor deja en claro que se había llegado a Delicias.
Como nadie baja o sube, la marcha prosigue. La canción termina justo en el momento de que el bus cruza por el rectorado de la Universidad del Zulia. No obtiene aplausos pero sí dinero.
Entre monedas y billetes de baja denominación recoge unos 25 a 30 bolívares. Agradece de la manera más educada posible y se baja del bus, como quien ha llegado a su destino. Aprovecha que el semáforo está en rojo, cruza la calle y se monta en un vehículo de la misma ruta pero en sentido contrario.
”Canta muy bonito”, suelta una señora buscando complicidad. No la consigue. El ambiente sigue con un aire musical dejado por el cantante de Uniseis.
Adiós Gabo
Recurro al cliché en el titular. Miro de reojo la portada de “Vivir para contarla”, una versión de bolsillo que compré en Argentina hace varios atardeceres.
Abro el texto en los primeros capítulos, donde el colombiano que imaginó a Macondo indicaba cómo a sus veintitrés años usaba cotizas rajadeo y ganaba realmente una miseria pero estaba claro en lo que quería: pasar el resto de su vida escribiendo.
En ese fragmento su madre le armaba una de las grandes. Él se limitaba a escuchar, suponiendo que en algún momento le golpearía con una cuchara de madera si le llevaba la contraria. Años después ganaría el premio Nobel de literatura. Hilaría de manera magistral la vida de los personajes de su Cien años de soledad y se convertiría en una figura notable de las letras, de Colombia y del habla hispana.
Es difícil imaginar que esa persona se ha ido. En las redes sociales muchos dejan claro que él se fue desde hace mucho tiempo y su legado lo mantenía a flote como el Caballo Viejo que llevaba por este mundo a Simón Díaz.
Yo me limito a recordarlo, a alabar su trabajo como periodista en una Venezuela que no viví pero que añoro, a extrañar la sangre en la nieve y la llamada desde la cárcel en sus cuentos peregrinos, además de preguntar de vez en cuando por la extraña rama al fondo de la embarcación que el náufrago terminaría describiendo como alimento en su relato.
“En mis tiempos de Aracataca había soñado con la buena vida de ir cantando de feria en feria, con acordeón y buena voz, que siempre me pareció la manera más antigua y feliz de contar un cuento” dejó dicho en su autobiografía.
Murió un jueves santo al igual que Ursula Iguarán, familia de ese Buendía que frente al pelotón de fusilamiento recordaba cómo su padre lo llevaba a conocer el hielo y que Gabriel García Márquez nos lo presentaría al principio del libro que lo hizo famoso.
Tiro la edición de bolsillo de su vida al otro lado del cuarto. Me encuentro con la botella de ron y me sirvo una copa. Brindo en su nombre. Pienso en otro cliché para terminar pero no lo redacto. Simplemente tomo y me despido del grande.
Abro el texto en los primeros capítulos, donde el colombiano que imaginó a Macondo indicaba cómo a sus veintitrés años usaba cotizas rajadeo y ganaba realmente una miseria pero estaba claro en lo que quería: pasar el resto de su vida escribiendo.
En ese fragmento su madre le armaba una de las grandes. Él se limitaba a escuchar, suponiendo que en algún momento le golpearía con una cuchara de madera si le llevaba la contraria. Años después ganaría el premio Nobel de literatura. Hilaría de manera magistral la vida de los personajes de su Cien años de soledad y se convertiría en una figura notable de las letras, de Colombia y del habla hispana.
Es difícil imaginar que esa persona se ha ido. En las redes sociales muchos dejan claro que él se fue desde hace mucho tiempo y su legado lo mantenía a flote como el Caballo Viejo que llevaba por este mundo a Simón Díaz.
Yo me limito a recordarlo, a alabar su trabajo como periodista en una Venezuela que no viví pero que añoro, a extrañar la sangre en la nieve y la llamada desde la cárcel en sus cuentos peregrinos, además de preguntar de vez en cuando por la extraña rama al fondo de la embarcación que el náufrago terminaría describiendo como alimento en su relato.
“En mis tiempos de Aracataca había soñado con la buena vida de ir cantando de feria en feria, con acordeón y buena voz, que siempre me pareció la manera más antigua y feliz de contar un cuento” dejó dicho en su autobiografía.
Murió un jueves santo al igual que Ursula Iguarán, familia de ese Buendía que frente al pelotón de fusilamiento recordaba cómo su padre lo llevaba a conocer el hielo y que Gabriel García Márquez nos lo presentaría al principio del libro que lo hizo famoso.
Tiro la edición de bolsillo de su vida al otro lado del cuarto. Me encuentro con la botella de ron y me sirvo una copa. Brindo en su nombre. Pienso en otro cliché para terminar pero no lo redacto. Simplemente tomo y me despido del grande.
Los primeros 365 días de Nicolás
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| Foto sin crédito. Publicada por El Toque |
El ungido de Hugo Chávez llega al primer año de sus seis años en el trono presidencial venezolano. Una breve revisión de su mandato
“Si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, (…) ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.
A las enigmáticas palabras de Hugo Chávez le siguió un momento histórico para el país sudamericano: la elección del sucesor luego de su muerte después de la campaña más corta de la historia reciente y de haber sufragado por el primer mandatario seis meses antes.
Nicolás Maduro fue el hombre. El ex presidente de la Asamblea Nacional, otrora Ministro de Relaciones Exteriores y posterior Vicepresidente de la República se coronó ganador ante el candidato opositor Henrique Capriles Radonski por un polémico y ajustado resultado de menos de 300 mil votos.
Ya había sido presidente desde mucho antes de que el Consejo Nacional Electoral lo certificara. El Tribunal Supremo de Justicia había permitido que hiciese campaña mientras cumplía sus funciones como segundo hombre al mando.
Mientras el país presentaba posteriormente respeto al ahora conocido Comandante Supremo, Maduro se juramentaba como encargado y creaba su cuenta en Twitter.
Días más tarde comentaría desde la casa natal de su antecesor: “Yo sentí el espíritu de él (…) lo sentí ahí dándonos una bendición”, dijo concluyendo que fue el fallecido quien se le apareció en forma de “pajarito chiquitico” para consentir su marcha electoral.
El que ganó para estar seis años sentado en el trono presidencial, el elegido para continuar la revolución del siglo XXI, comenzó su historia entre la burla y la polémica.
El elegido electo
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| Captura: Confirmado.com.ve |
Las cifras estaban a favor de Maduro pero Capriles Radonski, el que participó en tres procesos electorales en menos de seis meses y había ganado uno -como gobernador- no lo aceptaba. El llamado a ilegitimar el proceso se hizo sentir con marchas, protestas y hasta cacerolazos.
Mientras todo esto sucedía, el elegido electo comenzaba su gestión con su tren ministerial, con el anuncio de sus primeras medidas y de la ejecución del llamado Gobierno de Calle en aquellas entidades donde el proceso revolucionario fue duramente castigado con votos.
En su camino instó a investigar si a Chávez le inocularon el cáncer, viralizó en las redes sociales frases como "Hoy tenemos millones y millonas de Bolívar" o "Hay que multiplicar, como Cristo multiplicó los penes" y hasta se cayó de una bicicleta en marcha durante una transmisión oficial.
La venta del otrora canal opositor Globovisión y la posterior renuncia progresiva de sus empleados y productores mantuvo la agenda informativa ocupada mientras Maduro y su revolución coral, basada en el culto al líder eterno, obtenía más de 5 mil millones de dólares de China para atenuar la crisis que desde meses atrás los especialistas financieros vaticinaban.
Finaliza un año
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| Foto sin crédito |
Para el último trimestre de 2013 la escasez de alimentos, de productos, de divisas, repuntó. La inflación se incrementaba a la par del dólar paralelo. Mientras el mexicano Juan Gabriel recitaba sus temas en el Palacio de Miraflores, una parte de Venezuela buscaba saquear locales bajo el permiso y beneplácito del gobierno nacional.
”No dejen nada en los anaqueles”, llegó a decir Maduro obligando a los empresarios a reducir al menos 30 por ciento a los precios de sus mercancías. Para esos días el autoproclamado presidente obrero pedía poderes especiales mediante Ley Habilitante con la excusa de acabar la corrupción hasta dentro de sus filas.
En un ambiente con el instrumento aprobado y con el Viceministerio de la Suprema Felicidad dando todavía de qué hablar, llegaron las elecciones municipales de diciembre.
Desde mucho antes este proceso comicial se veía como un recurso para legitimar al ungido de Chávez y de validar esa pérdida potencial de electores que tanto supo cuidar y mantener el Comandante Supremo hasta su muerte. Lo logró.
Pese a perder las alcaldías más importantes y a no poder posicionar a su selección personal de candidatos como lo hizo apenas un año antes su antecesor con las gobernaciones, el poderío mediático del estado supo orientar su triunfo en el panorama nacional e internacional.
Reunirse con esa oposición recién electa, a la vista de todos en televisión, resultó crear un clima de confianza, de aparente credibilidad que apaciguó los ánimos y que permitió que finalizase un año sin productos en anaqueles, con una exorbitante cifra del billete americano pero con tensa paz.
El fin del primer año
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| Captura: PSUV.ORG.VE |
Los últimos 100 días del primer año de gobierno de Nicolás Maduro resultaron ser no sólo los más convulsionados durante su mandato sino en la historia reciente venezolana.
La escasez de alimentos, la desaparición de las divisas como otro rubro más de la cadena de producción y la reorganización del sistema cambiario con devaluación incluida fueron algunos de los síntomas que se extendieron con las protestas y manifestaciones durante febrero y marzo de 2014.
Las promesas de tabletas electrónicas a los universitarios junto a invitaciones a las conferencias de paz se alternaron con casos de censura a canales internacionales en cableoperadoras locales, estudiantes detenidos en instalaciones militares y denuncias y grabaciones en video de represión por parte de las fuerzas del estado.
Esa poderosa imagen que Maduro supo cultivar dentro y fuera del país durante tantos años con el Presidente Chávez como capitán del navío, lo lanzó a la borda con un solo toque brusco del timón en su mandato.
Ya ese “Somos mayoría” que tanto servía para recordársele a los adversarios políticos perdió su esencia a jazmín para tornarse nauseabundo, difícil de digerir.
Esto lleva finalmente al diálogo formal entre oposición y oficialismo, la reunión televisada en cadena de radio y televisión que se hace, como bien recordaron varios actores involucrados, por primera vez en quince años.
Chávez no tuvo necesidad de hacerlo. Maduro, en el que las encuestas como las de la agencia IVAD no creen que la situación con su gente llegue hasta el 2019, sí.
A horas de acabarse los primeros 365 días de Nicolás, su gobierno recuerda al artífice de la Revolución del Siglo XXI y el intento de golpe de abril de 2002 mientras vive otro momento intenso para recordar, marcar en calendario y en el libro de historia.
jueves, 17 de abril de 2014
Publicado por: David Padilla g
El consumo informativo en tiempos de hegemonía comunicacional
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| Fotografía sin título. Publicada por El Toque |
Venezuela vive un momento clave en sus comunicaciones. Internet se erige como protagonista mientras que la prensa, la radio y la televisión buscan sobrevivir ante medidas gubernamentales.
Todo comenzó en el 2007, año de la salida de RCTV de las pantallas venezolanas y cuando el gobierno de Chávez reconoció perder ante la oposición por primera vez en un proceso electoral.
Andrés Izarra, entonces director de Telesur y ex ministro de Comunicación e Información, pronunció las palabras que indicarían el camino que seguirían las telecomunicaciones públicas: “El socialismo necesita una hegemonía comunicacional”.
Esos polémicos medios de comunicación que actuaron durante el intento de golpe de abril de 2002 recibirían su ofensiva por parte del poderoso estado petrolero. Así pasamos del nacimiento de TVes, al surgimiento de @ChavezCandanga en Twitter, hasta llegar al Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (Sibci).
Los puntos en la historia donde se menciona la mega multa, la compra y posterior renuncia progresiva de trabajadores del otrora canal opositor Globovision, son simples detalles en el relato.
Hoy el cuento se detiene en los casos de censura y autocensura y donde ha sido Internet la tabla de salvación para informar, denunciar y establecer lazos con la verdad ante la desaparición sistemática de los oportunos contenidos en los medios tradicionales.
El papel de los periódicos
En los últimos 15 años la prensa venezolana ha logrado resistir la presión que ningún otro medio ha podido, como la ejercida contra la radio tras el cierre de 34 emisoras en 2009, y de la censura autoimpuesta en los medios de Internet en 2010, por los comentarios de un portal de noticias.
En los últimos 15 años la prensa venezolana ha logrado resistir la presión que ningún otro medio ha podido, como la ejercida contra la radio tras el cierre de 34 emisoras en 2009, y de la censura autoimpuesta en los medios de Internet en 2010, por los comentarios de un portal de noticias.
Cada uno de los casos, con sus respectivas ramificaciones, tuvo siempre una explicación en algún periódico. Ahora, con la aparente ausencia de divisas han tenido que hacer muchas maniobras para subsistir ante este panorama.
Algunos diarios han optado por trasladarse a la Web en un universo local de 12.5 millones de usuarios (según cifras oficiales) o por reducir el número de cuerpos, convirtiendo su circulación en un rubro más regulado en este país. Otros no han sabido surfear las novedades tecnológicas de hace más de una década y se han declarado en cierre técnico.
Sin embargo, los impresos más osados han optado por proponer y han trasladado sus contenidos a la Web. Gracias a medios como Twitter, Facebook o Youtube se mantienen como pilares fundamentales para la información oportuna y veraz a los venezolanos.
De acuerdo con esa crítica, los movimientos gremiales se unen a los civiles para exigir a los poderes venezolanos una libertad de prensa que se apoye en las leyes y en el papel, que debido a la escasez de éste incluso empresarios colombianos han decidido suministrarlo en forma de préstamo a compañías criollas.
El tiempo de las televisoras
Pasamos del fin de la concesión de RCTV en 2007, bajo los debidos procesos, a la salida abrupta de NTN24 de las cableoperadoras en 2014. Entre ambos casos hay una clara diferencia en años, en dueños y contexto político.
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| Foto: RCTV |
La razón de la ausencia de ambos canales televisivos es la misma: picar en la espalda de quienes llevan la camisa roja en Venezuela.
“Me van a llamar dictador, no me importa, voy a hacer normas muy estrictas para que se acabe el amarillismo”, dijo en su momento Nicolás Maduro en un claro mensaje a la prensa, el único medio al que no se le ha hecho un instrumento legal para regularlo.
Ya a los medios audiovisuales se les llamó la atención con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Resorte) y lo mismo ocurriría posteriormente con Internet, solo hizo falta agregar al título las palabras “y Medios electrónicos”.
Más adelante, además de las cadenas a las que Hugo Chávez tanto provecho sacó, el actual Presidente Ejecutivo anunció el espacio producido por el gobierno nacional, “Noticiero de la Patria”. La transmisión de este programa era obligatoria tanto para las estaciones privadas como las públicas. No obstante, iba dirigido a las no estatales como medida de represalia por “sus mentiras”.
La hegemonía comunicacional que Izarra mencionó en 2007, hoy titular del Ministerio de Turismo, se consolida en 2013 con el Sibci, la unión de medios de comunicación del estado sirviendo al gobierno venezolano y que pese a que incluye dos de los cuatro principales canales en la parrilla nacional, no tienen el mayor rating de Venezuela.
Internet como pantalla dividida
Aquella polémica división en pantalla que realizasen los canales privados durante el intento de golpe de abril de 2002, donde se mostraba la imagen de Chávez contrastando con los hechos violentos de los que evitaba hablar durante cadena presidencial, hoy se ve solamente por Internet.
La red de redes se ha convertido en la verdadera válvula de escape ante las informaciones que surgen en cada pestañeo y que los medios tradicionales deciden, por autocensura o por imposición gubernamental, no informar.
Ya lo comentaba Reimy Chávez, periodista que renunció en pleno noticiero de Globovisión: “barricadas” era una de las palabras prohibidas. Este término se ha hecho común desde febrero de 2014 y ahora se erige como una de las etiquetas a tener en cuenta en la búsqueda de videos sobre el conflicto criollo en Youtube.
En sitios como Topsy se aprecia un aumento en buscadores y en redes sociales de la palabra “noticia”, en el contexto venezolano. Esto ocurre los días en el que el mundo se sorprendía por el asesinato de la Miss Venezuela Mónica Spear y de su esposo.
El uso de las etiquetas #SOSVenezuela o #PrayforVenezuela, posicionadas por estudiantes y por la sociedad civil en Twitter, es un caso que atrajo la atención tanto de medios internacionales como de artistas y personalidades.
Ni hablar del llamamiento realizado en una grabación clandestina por el dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López. Ésta fue compartida por teléfonos móviles e Internet y en su momento obtuvo mayor efecto mediático que el de Maduro con todo el poderío comunicacional del estado, incluyendo las cadenas de radio y televisión.
Comparar todo este proceso con el ejemplo bíblico de David y Goliat todavía es absurdo. Aunque se ha registrado un considerable incremento de porcentual, el consumo de Internet se mantiene bajo. La organización de estas comunidades no se ha consolidado y el analfabetismo tecnológico está lejos de ser erradicado.
Pese a ese escenario, la pasión por construir con pequeñas iniciativas pero grandes valores sigue visible. Ya no se limita sólo al consumo sino a compartir producciones propias con contenidos de calidad. Evaluar y sobre todo, apoyar será clave para la verdadera democratización de los espacios en Venezuela.
Los que se van, los que se quedan en Venezuela
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| Foto sin crédito. Publicada por El Toque |
La emigración se convierte en un punto álgido al hablar de la situación venezolana. El primer año después de la muerte de Hugo Chávez coincide con el peor conflicto en la historia reciente de Venezuela; el primer año en el poder de Nicolás Maduro, el próximo 14 de abril, colinda con un panorama adicional: el dólar en tres modalidades con el más alto acercándose al del mercado negro; embajadas como la de Estados Unidos suspendiendo sus visas mientras consulados como el de Irlanda se retiran.
En ese contexto se ve a las aerolíneas como Air Canada despidiéndose del país primero por divisas y luego por la falta de diálogo con el gobierno. Al mismo tiempo, empresas de autos y hasta las que fabrican latas anuncian su cierre técnico por no poder cumplir ni con la producción ni con los proveedores internacionales.
Se aprecia entonces en la panadería, en clases, en la parada del bus, en la camioneta que nos mueve a diario, cómo los jóvenes se sienten en esa escena de la película donde la pesada puerta de la cueva va bajando poco a poco y sólo el que se apura o el que pase rodando por debajo de ella es quien finalmente llega hasta los créditos, quien sobrevive lejos del "socialismo del sigloXXI" o si finalmente se queda a enfrentar lo que nos deja la gente del eterno Comandante Chávez.
Los que se quedan
Una chica, del grupo de los más jóvenes, comenta lo tedioso que es hacer la cola en el supermercado para conseguir galletas de soda y detergente, la imposibilidad de salir a la calle con su celular porque se lo roban y todas las artimañas que hace para rendir la mísera mesada que consigue con sus padres.
Entre las conclusiones a las que llega está la de elaborar pancartas de apoyo durante las horas libres en su colegio (al que instancias gubernamentales ha obligado a mantenerlo abierto pese al conflicto) para todos esos manifestantes que entre barricadas y cierre de universidades “resisten” a la embestida de la Guardia Nacional Bolivariana.
Otra chica, esta vez entre los adultos, la mira con suspicacia. Ya había pillado buena parte de la conversación. Se coloca el cabello destrás de la oreja. Toca la montura de los lentes antes de interrumpir toscamente: “tú no deberías ni estar protestando. No puedes votar y lo que vas a hacer es que expropien tu colegio por andar de alborotadora”.
La que está en sus quince o dieciséis años alza la mano hacia su grupo y fija su mirada en su contrincante. Abre completamente los ojos y exclama sin titubeo: “¿para qué coño estoy entonces estudiando si no tengo futuro?”
La discusión la corta el docente con su llegada pero el tema queda y se mantiene en el aire. Ya a la generación que nació y creció durante la presidencia de Hugo Chávez le ha tocado, como a todos, la política.
Están mejor informados porque revisan más Twitter e Instagram que sus padres, aunque éstos también los prefieren ante el periódico con pocos cuerpos o a la televisión que no sale de una larga cadena presidencial.
La misma chica reconoce que durante el recreo, ese tiempo donde los más viejos jugábamos desde tómbola hasta con cartas de Pokemon, se utiliza para ver quién hace la mejor consigna para las marchas y compartirlas después de clases por mensajería.
Los que se quedan ya están obligados a odiar o a amar el proceso. Después de casi 16 años de la llegada de Chávez y de su “Revolución”, sigue sin haber un punto intermedio. Las disputas, la violencia, rozan cada vez más la radicalización, que a su vez se vuelve sistemática al punto de poner en contra a amigos, familias y hasta compañeros de una simple clase de inglés.
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| Foto: Elregional.net.ve |
Irse de Venezuela y terminar extrañando una arepa o un Toddy. Quedarse en el país y no conseguir ni harina de maíz ni leche para hacer la bebida achocolatada. Hasta las diatribas han cambiado.
Emigrar de la patria de Simón Bolívar siempre traía un conflicto interno por analizar el futuro. Ahora ante un vistazo donde las rutas de aerolíneas siguen desapareciendo del radar, el acceso a divisas sigue disminuyendo y las embajadas o consulados se retiran del mapa local, parece que es poco el tiempo que queda para pensar en irse o quedarse.
Los que deciden por permanecer tiene dos opciones: resistir, entre marchas, asambleas e incluso barricadas, o resignarse, aceptar la propuesta de un gobierno que se fortalece de a poquito y que mantiene una oposición dividida.
En esta ecuación parece que no existe proponer, analizar y corregir. Como dice la canción: “¡esto es lo que hay!”. Punto.
No es nuevo el asunto de quienes meten todos sus sueños en una maleta y deciden exhibir su pasaporte y experiencia ante el mundo. Quizás las cifras sean ahora incluso más bajas que antes, en esos tiempos donde Chávez o Maduro eran desconocidos.
El problema es que hay que arrancarse la patria desde las entrañas porque si se decide volver, como turista en ese destino que un ministerio promociona como “chévere”, se puede encontrar la muerte, como pasó en enero con la Miss Venezuela Mónica Spear, o en el mejor de los casos simplemente quedarse porque ninguna aerolínea garantiza el regreso.
En ese proceso de contradicciones, de falta de liderazgo real y de lo más importante, de paz, estamos a diario confiando en que algo bueno o malo pase en este país, enviando cadenas de oraciones o haciendo el chiste con el tema del día.
Entre todo lo que pasa, pese a cualquier crítica, esa consigna que dice “Mamá, me fui a luchar por Venezuela, si no regreso me fui con ella” sigue cada vez más latente, tanto para los que se van como para esos -valientes- que se quedan.















