Los primeros 365 días de Nicolás
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| Foto sin crédito. Publicada por El Toque |
El ungido de Hugo Chávez llega al primer año de sus seis años en el trono presidencial venezolano. Una breve revisión de su mandato
“Si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, (…) ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.
A las enigmáticas palabras de Hugo Chávez le siguió un momento histórico para el país sudamericano: la elección del sucesor luego de su muerte después de la campaña más corta de la historia reciente y de haber sufragado por el primer mandatario seis meses antes.
Nicolás Maduro fue el hombre. El ex presidente de la Asamblea Nacional, otrora Ministro de Relaciones Exteriores y posterior Vicepresidente de la República se coronó ganador ante el candidato opositor Henrique Capriles Radonski por un polémico y ajustado resultado de menos de 300 mil votos.
Ya había sido presidente desde mucho antes de que el Consejo Nacional Electoral lo certificara. El Tribunal Supremo de Justicia había permitido que hiciese campaña mientras cumplía sus funciones como segundo hombre al mando.
Mientras el país presentaba posteriormente respeto al ahora conocido Comandante Supremo, Maduro se juramentaba como encargado y creaba su cuenta en Twitter.
Días más tarde comentaría desde la casa natal de su antecesor: “Yo sentí el espíritu de él (…) lo sentí ahí dándonos una bendición”, dijo concluyendo que fue el fallecido quien se le apareció en forma de “pajarito chiquitico” para consentir su marcha electoral.
El que ganó para estar seis años sentado en el trono presidencial, el elegido para continuar la revolución del siglo XXI, comenzó su historia entre la burla y la polémica.
El elegido electo
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| Captura: Confirmado.com.ve |
Las cifras estaban a favor de Maduro pero Capriles Radonski, el que participó en tres procesos electorales en menos de seis meses y había ganado uno -como gobernador- no lo aceptaba. El llamado a ilegitimar el proceso se hizo sentir con marchas, protestas y hasta cacerolazos.
Mientras todo esto sucedía, el elegido electo comenzaba su gestión con su tren ministerial, con el anuncio de sus primeras medidas y de la ejecución del llamado Gobierno de Calle en aquellas entidades donde el proceso revolucionario fue duramente castigado con votos.
En su camino instó a investigar si a Chávez le inocularon el cáncer, viralizó en las redes sociales frases como "Hoy tenemos millones y millonas de Bolívar" o "Hay que multiplicar, como Cristo multiplicó los penes" y hasta se cayó de una bicicleta en marcha durante una transmisión oficial.
La venta del otrora canal opositor Globovisión y la posterior renuncia progresiva de sus empleados y productores mantuvo la agenda informativa ocupada mientras Maduro y su revolución coral, basada en el culto al líder eterno, obtenía más de 5 mil millones de dólares de China para atenuar la crisis que desde meses atrás los especialistas financieros vaticinaban.
Finaliza un año
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| Foto sin crédito |
Para el último trimestre de 2013 la escasez de alimentos, de productos, de divisas, repuntó. La inflación se incrementaba a la par del dólar paralelo. Mientras el mexicano Juan Gabriel recitaba sus temas en el Palacio de Miraflores, una parte de Venezuela buscaba saquear locales bajo el permiso y beneplácito del gobierno nacional.
”No dejen nada en los anaqueles”, llegó a decir Maduro obligando a los empresarios a reducir al menos 30 por ciento a los precios de sus mercancías. Para esos días el autoproclamado presidente obrero pedía poderes especiales mediante Ley Habilitante con la excusa de acabar la corrupción hasta dentro de sus filas.
En un ambiente con el instrumento aprobado y con el Viceministerio de la Suprema Felicidad dando todavía de qué hablar, llegaron las elecciones municipales de diciembre.
Desde mucho antes este proceso comicial se veía como un recurso para legitimar al ungido de Chávez y de validar esa pérdida potencial de electores que tanto supo cuidar y mantener el Comandante Supremo hasta su muerte. Lo logró.
Pese a perder las alcaldías más importantes y a no poder posicionar a su selección personal de candidatos como lo hizo apenas un año antes su antecesor con las gobernaciones, el poderío mediático del estado supo orientar su triunfo en el panorama nacional e internacional.
Reunirse con esa oposición recién electa, a la vista de todos en televisión, resultó crear un clima de confianza, de aparente credibilidad que apaciguó los ánimos y que permitió que finalizase un año sin productos en anaqueles, con una exorbitante cifra del billete americano pero con tensa paz.
El fin del primer año
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| Captura: PSUV.ORG.VE |
Los últimos 100 días del primer año de gobierno de Nicolás Maduro resultaron ser no sólo los más convulsionados durante su mandato sino en la historia reciente venezolana.
La escasez de alimentos, la desaparición de las divisas como otro rubro más de la cadena de producción y la reorganización del sistema cambiario con devaluación incluida fueron algunos de los síntomas que se extendieron con las protestas y manifestaciones durante febrero y marzo de 2014.
Las promesas de tabletas electrónicas a los universitarios junto a invitaciones a las conferencias de paz se alternaron con casos de censura a canales internacionales en cableoperadoras locales, estudiantes detenidos en instalaciones militares y denuncias y grabaciones en video de represión por parte de las fuerzas del estado.
Esa poderosa imagen que Maduro supo cultivar dentro y fuera del país durante tantos años con el Presidente Chávez como capitán del navío, lo lanzó a la borda con un solo toque brusco del timón en su mandato.
Ya ese “Somos mayoría” que tanto servía para recordársele a los adversarios políticos perdió su esencia a jazmín para tornarse nauseabundo, difícil de digerir.
Esto lleva finalmente al diálogo formal entre oposición y oficialismo, la reunión televisada en cadena de radio y televisión que se hace, como bien recordaron varios actores involucrados, por primera vez en quince años.
Chávez no tuvo necesidad de hacerlo. Maduro, en el que las encuestas como las de la agencia IVAD no creen que la situación con su gente llegue hasta el 2019, sí.
A horas de acabarse los primeros 365 días de Nicolás, su gobierno recuerda al artífice de la Revolución del Siglo XXI y el intento de golpe de abril de 2002 mientras vive otro momento intenso para recordar, marcar en calendario y en el libro de historia.
jueves, 17 de abril de 2014
Publicado por: David Padilla g
El consumo informativo en tiempos de hegemonía comunicacional
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| Fotografía sin título. Publicada por El Toque |
Venezuela vive un momento clave en sus comunicaciones. Internet se erige como protagonista mientras que la prensa, la radio y la televisión buscan sobrevivir ante medidas gubernamentales.
Todo comenzó en el 2007, año de la salida de RCTV de las pantallas venezolanas y cuando el gobierno de Chávez reconoció perder ante la oposición por primera vez en un proceso electoral.
Andrés Izarra, entonces director de Telesur y ex ministro de Comunicación e Información, pronunció las palabras que indicarían el camino que seguirían las telecomunicaciones públicas: “El socialismo necesita una hegemonía comunicacional”.
Esos polémicos medios de comunicación que actuaron durante el intento de golpe de abril de 2002 recibirían su ofensiva por parte del poderoso estado petrolero. Así pasamos del nacimiento de TVes, al surgimiento de @ChavezCandanga en Twitter, hasta llegar al Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (Sibci).
Los puntos en la historia donde se menciona la mega multa, la compra y posterior renuncia progresiva de trabajadores del otrora canal opositor Globovision, son simples detalles en el relato.
Hoy el cuento se detiene en los casos de censura y autocensura y donde ha sido Internet la tabla de salvación para informar, denunciar y establecer lazos con la verdad ante la desaparición sistemática de los oportunos contenidos en los medios tradicionales.
El papel de los periódicos
En los últimos 15 años la prensa venezolana ha logrado resistir la presión que ningún otro medio ha podido, como la ejercida contra la radio tras el cierre de 34 emisoras en 2009, y de la censura autoimpuesta en los medios de Internet en 2010, por los comentarios de un portal de noticias.
En los últimos 15 años la prensa venezolana ha logrado resistir la presión que ningún otro medio ha podido, como la ejercida contra la radio tras el cierre de 34 emisoras en 2009, y de la censura autoimpuesta en los medios de Internet en 2010, por los comentarios de un portal de noticias.
Cada uno de los casos, con sus respectivas ramificaciones, tuvo siempre una explicación en algún periódico. Ahora, con la aparente ausencia de divisas han tenido que hacer muchas maniobras para subsistir ante este panorama.
Algunos diarios han optado por trasladarse a la Web en un universo local de 12.5 millones de usuarios (según cifras oficiales) o por reducir el número de cuerpos, convirtiendo su circulación en un rubro más regulado en este país. Otros no han sabido surfear las novedades tecnológicas de hace más de una década y se han declarado en cierre técnico.
Sin embargo, los impresos más osados han optado por proponer y han trasladado sus contenidos a la Web. Gracias a medios como Twitter, Facebook o Youtube se mantienen como pilares fundamentales para la información oportuna y veraz a los venezolanos.
De acuerdo con esa crítica, los movimientos gremiales se unen a los civiles para exigir a los poderes venezolanos una libertad de prensa que se apoye en las leyes y en el papel, que debido a la escasez de éste incluso empresarios colombianos han decidido suministrarlo en forma de préstamo a compañías criollas.
El tiempo de las televisoras
Pasamos del fin de la concesión de RCTV en 2007, bajo los debidos procesos, a la salida abrupta de NTN24 de las cableoperadoras en 2014. Entre ambos casos hay una clara diferencia en años, en dueños y contexto político.
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| Foto: RCTV |
La razón de la ausencia de ambos canales televisivos es la misma: picar en la espalda de quienes llevan la camisa roja en Venezuela.
“Me van a llamar dictador, no me importa, voy a hacer normas muy estrictas para que se acabe el amarillismo”, dijo en su momento Nicolás Maduro en un claro mensaje a la prensa, el único medio al que no se le ha hecho un instrumento legal para regularlo.
Ya a los medios audiovisuales se les llamó la atención con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Resorte) y lo mismo ocurriría posteriormente con Internet, solo hizo falta agregar al título las palabras “y Medios electrónicos”.
Más adelante, además de las cadenas a las que Hugo Chávez tanto provecho sacó, el actual Presidente Ejecutivo anunció el espacio producido por el gobierno nacional, “Noticiero de la Patria”. La transmisión de este programa era obligatoria tanto para las estaciones privadas como las públicas. No obstante, iba dirigido a las no estatales como medida de represalia por “sus mentiras”.
La hegemonía comunicacional que Izarra mencionó en 2007, hoy titular del Ministerio de Turismo, se consolida en 2013 con el Sibci, la unión de medios de comunicación del estado sirviendo al gobierno venezolano y que pese a que incluye dos de los cuatro principales canales en la parrilla nacional, no tienen el mayor rating de Venezuela.
Internet como pantalla dividida
Aquella polémica división en pantalla que realizasen los canales privados durante el intento de golpe de abril de 2002, donde se mostraba la imagen de Chávez contrastando con los hechos violentos de los que evitaba hablar durante cadena presidencial, hoy se ve solamente por Internet.
La red de redes se ha convertido en la verdadera válvula de escape ante las informaciones que surgen en cada pestañeo y que los medios tradicionales deciden, por autocensura o por imposición gubernamental, no informar.
Ya lo comentaba Reimy Chávez, periodista que renunció en pleno noticiero de Globovisión: “barricadas” era una de las palabras prohibidas. Este término se ha hecho común desde febrero de 2014 y ahora se erige como una de las etiquetas a tener en cuenta en la búsqueda de videos sobre el conflicto criollo en Youtube.
En sitios como Topsy se aprecia un aumento en buscadores y en redes sociales de la palabra “noticia”, en el contexto venezolano. Esto ocurre los días en el que el mundo se sorprendía por el asesinato de la Miss Venezuela Mónica Spear y de su esposo.
El uso de las etiquetas #SOSVenezuela o #PrayforVenezuela, posicionadas por estudiantes y por la sociedad civil en Twitter, es un caso que atrajo la atención tanto de medios internacionales como de artistas y personalidades.
Ni hablar del llamamiento realizado en una grabación clandestina por el dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López. Ésta fue compartida por teléfonos móviles e Internet y en su momento obtuvo mayor efecto mediático que el de Maduro con todo el poderío comunicacional del estado, incluyendo las cadenas de radio y televisión.
Comparar todo este proceso con el ejemplo bíblico de David y Goliat todavía es absurdo. Aunque se ha registrado un considerable incremento de porcentual, el consumo de Internet se mantiene bajo. La organización de estas comunidades no se ha consolidado y el analfabetismo tecnológico está lejos de ser erradicado.
Pese a ese escenario, la pasión por construir con pequeñas iniciativas pero grandes valores sigue visible. Ya no se limita sólo al consumo sino a compartir producciones propias con contenidos de calidad. Evaluar y sobre todo, apoyar será clave para la verdadera democratización de los espacios en Venezuela.
Los que se van, los que se quedan en Venezuela
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| Foto sin crédito. Publicada por El Toque |
La emigración se convierte en un punto álgido al hablar de la situación venezolana. El primer año después de la muerte de Hugo Chávez coincide con el peor conflicto en la historia reciente de Venezuela; el primer año en el poder de Nicolás Maduro, el próximo 14 de abril, colinda con un panorama adicional: el dólar en tres modalidades con el más alto acercándose al del mercado negro; embajadas como la de Estados Unidos suspendiendo sus visas mientras consulados como el de Irlanda se retiran.
En ese contexto se ve a las aerolíneas como Air Canada despidiéndose del país primero por divisas y luego por la falta de diálogo con el gobierno. Al mismo tiempo, empresas de autos y hasta las que fabrican latas anuncian su cierre técnico por no poder cumplir ni con la producción ni con los proveedores internacionales.
Se aprecia entonces en la panadería, en clases, en la parada del bus, en la camioneta que nos mueve a diario, cómo los jóvenes se sienten en esa escena de la película donde la pesada puerta de la cueva va bajando poco a poco y sólo el que se apura o el que pase rodando por debajo de ella es quien finalmente llega hasta los créditos, quien sobrevive lejos del "socialismo del sigloXXI" o si finalmente se queda a enfrentar lo que nos deja la gente del eterno Comandante Chávez.
Los que se quedan
Una chica, del grupo de los más jóvenes, comenta lo tedioso que es hacer la cola en el supermercado para conseguir galletas de soda y detergente, la imposibilidad de salir a la calle con su celular porque se lo roban y todas las artimañas que hace para rendir la mísera mesada que consigue con sus padres.
Entre las conclusiones a las que llega está la de elaborar pancartas de apoyo durante las horas libres en su colegio (al que instancias gubernamentales ha obligado a mantenerlo abierto pese al conflicto) para todos esos manifestantes que entre barricadas y cierre de universidades “resisten” a la embestida de la Guardia Nacional Bolivariana.
Otra chica, esta vez entre los adultos, la mira con suspicacia. Ya había pillado buena parte de la conversación. Se coloca el cabello destrás de la oreja. Toca la montura de los lentes antes de interrumpir toscamente: “tú no deberías ni estar protestando. No puedes votar y lo que vas a hacer es que expropien tu colegio por andar de alborotadora”.
La que está en sus quince o dieciséis años alza la mano hacia su grupo y fija su mirada en su contrincante. Abre completamente los ojos y exclama sin titubeo: “¿para qué coño estoy entonces estudiando si no tengo futuro?”
La discusión la corta el docente con su llegada pero el tema queda y se mantiene en el aire. Ya a la generación que nació y creció durante la presidencia de Hugo Chávez le ha tocado, como a todos, la política.
Están mejor informados porque revisan más Twitter e Instagram que sus padres, aunque éstos también los prefieren ante el periódico con pocos cuerpos o a la televisión que no sale de una larga cadena presidencial.
La misma chica reconoce que durante el recreo, ese tiempo donde los más viejos jugábamos desde tómbola hasta con cartas de Pokemon, se utiliza para ver quién hace la mejor consigna para las marchas y compartirlas después de clases por mensajería.
Los que se quedan ya están obligados a odiar o a amar el proceso. Después de casi 16 años de la llegada de Chávez y de su “Revolución”, sigue sin haber un punto intermedio. Las disputas, la violencia, rozan cada vez más la radicalización, que a su vez se vuelve sistemática al punto de poner en contra a amigos, familias y hasta compañeros de una simple clase de inglés.
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| Foto: Elregional.net.ve |
Irse de Venezuela y terminar extrañando una arepa o un Toddy. Quedarse en el país y no conseguir ni harina de maíz ni leche para hacer la bebida achocolatada. Hasta las diatribas han cambiado.
Emigrar de la patria de Simón Bolívar siempre traía un conflicto interno por analizar el futuro. Ahora ante un vistazo donde las rutas de aerolíneas siguen desapareciendo del radar, el acceso a divisas sigue disminuyendo y las embajadas o consulados se retiran del mapa local, parece que es poco el tiempo que queda para pensar en irse o quedarse.
Los que deciden por permanecer tiene dos opciones: resistir, entre marchas, asambleas e incluso barricadas, o resignarse, aceptar la propuesta de un gobierno que se fortalece de a poquito y que mantiene una oposición dividida.
En esta ecuación parece que no existe proponer, analizar y corregir. Como dice la canción: “¡esto es lo que hay!”. Punto.
No es nuevo el asunto de quienes meten todos sus sueños en una maleta y deciden exhibir su pasaporte y experiencia ante el mundo. Quizás las cifras sean ahora incluso más bajas que antes, en esos tiempos donde Chávez o Maduro eran desconocidos.
El problema es que hay que arrancarse la patria desde las entrañas porque si se decide volver, como turista en ese destino que un ministerio promociona como “chévere”, se puede encontrar la muerte, como pasó en enero con la Miss Venezuela Mónica Spear, o en el mejor de los casos simplemente quedarse porque ninguna aerolínea garantiza el regreso.
En ese proceso de contradicciones, de falta de liderazgo real y de lo más importante, de paz, estamos a diario confiando en que algo bueno o malo pase en este país, enviando cadenas de oraciones o haciendo el chiste con el tema del día.
Entre todo lo que pasa, pese a cualquier crítica, esa consigna que dice “Mamá, me fui a luchar por Venezuela, si no regreso me fui con ella” sigue cada vez más latente, tanto para los que se van como para esos -valientes- que se quedan.
¿Quién puede mediar en el conflicto venezolano?
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| Sin crédito. Publicada por El Toque. |
La situación en Venezuela se mantiene en tensa calma esperando las vías de la solución mediante el diálogo.
La paz se ha convertido en Venezuela en un producto como el pollo o la harina: de gran valor, escasea y muchos hacen cola por ella, o al menos dicen que la hacen. Su ausencia no viene por un proceso de dos días sino de una de serie de acciones sistemáticas a través de los años que se intenta un diálogo como posible solución.
Oposición y oficialismo, incluso desde artistas y cantantes como Cher hasta Gilberto Santa Rosa (pasando por Calle 13 y Jared Leto) reconocen que hay que conversar para obtener la anhelada tranquilidad. ¿Cómo sentar entonces a esas dos mitades del país que a simple vista parecen incompatibles, distantes, tan resbaladizas como el agua y el aceite? “Un mediador”, gritaría alguien en el fondo del auditorio al escuchar esta ponencia.
El problema ahora se plantea como si fuésemos chamos y nos estuviesen leyendo un cuento: ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién sería nuestro Chapulín Colorado que al escuchar nuestro grito de ayuda brinca en medio de la situación y resuelve el conflicto?
El problema ahora se plantea como si fuésemos chamos y nos estuviesen leyendo un cuento: ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién sería nuestro Chapulín Colorado que al escuchar nuestro grito de ayuda brinca en medio de la situación y resuelve el conflicto?
El catolicismo al rescate
La Iglesia Católica tiene un gran reto en Venezuela. Entre 72 y 88 por ciento de la población total se estima que son feligreses. En una entrevista reciente, el arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, indicó que el diálogo era “necesario y posible”. Pese a que en el mismo texto mantiene una clara postura en contra del gobierno, no niega que los sacerdotes puedan mediar en toda la situación.
El problema es no ver los baches en esta calle desde ambas aceras. El Gobierno de Hugo Chávez ha mantenido confrontaciones con el catolicismo por temas que van desde el activismo político hasta la eliminación del subsidio a centros educativos religiosos.
Es el primer punto lo que ha causado quizás más comezón en los que usan la camisa roja. No es lo mismo que un hombre en sotana mencione durante la homilía el problema que se ha convertido conseguir leche a expresarse en contra de las políticas de la “Revolución”.
El ejemplo más reciente pudo verse durante la revuelta de febrero pasado con el Padre Palmar (ese personaje variopinto que siempre nos recordará cómo acompañó al “Comandante Supremo” en sus años mozos) que llegó a ser herido por acompañar en sus consignas a los estudiantes.
Ya no estamos hablando de un sector que ha visto todo lo ocurrido apoyado desde la baranda sino que también se ha sido afectado, como todos, por esa doctrina de “si no me apoyas, estás con el enemigo”.
De tú a tú
La última vez que la oposición y el oficialismo lograron un acuerdo fue en diciembre de 2013. En ese entonces, el gobierno de Nicolás Maduro y los alcaldes electos de las toldas que lo adversan hablaron.
No fue la conversación más fructífera que se ha tenido en esta tierra pero llegaron a puntos en común, o al menos se miraron las caras y tomaron notas, como si se tratase de un choque entre autos y estuvieran intercambiando los datos del seguro.
Ése ha sido el único intento real de diálogo entre ambas partes. Después del horrible mes de febrero, las conferencias de paz han tenido una tibia recepción por los factores políticos.
"Miraflores no es hoy un escenario para el diálogo y no lo será mientras sigan actuando bajo chantaje", dijo en su momento el opositor Henrique Capriles. En entrevistas posteriores reveló que no asistía porque sería darle pie al festín de Maduro y su combo.
¿Cómo desarmar con la palabra si te dan el micrófono y lo retiras de tu cara porque las condiciones no son como las quieres?
El sector privado sí lo aprovechó. Lorenzo Mendoza, presidente (de las difamadas) Empresas Polar aceptó conversar y expuso, en 12 ilustrativos puntos, qué está mal en Venezuela y cómo se podría hacer para solucionar los problemas que realmente le competen.
El atrevimiento, bien argumentado, tuvo repercusión mediática e incluso incidió en las acciones siguientes del gobierno. Pese a que sigue la escasez, la inflación, la inseguridad y la represión, para ese momento fue más efectivo el tú a tú, el cara a cara, que estar hablando en pequeñas ruedas de prensa, que se difunden cada vez menos en los medios, asegurando que el contrincante tiene miedo a debatir.
Que nadie se engañe con las condiciones para hablar. No son las ideales pero al menos pudieran ser pequeñas ventanas donde el “rating” a los canales del estado venezolano obligan a cumplir, a mantener un discurso coherente a la situación.
Lo que nos queda
En 2003, tras el paro petrolero y de la actividad económica en Venezuela, fue un expresidente estadounidense, ganador del premio Nobel de la Paz, el que logró mediar en el conflicto criollo.
Por aquel entonces no había escasez de productos, no se eliminaba un canal de tv de la operadoras sin el debido proceso, o se reprimía las protestas con la intensidad con la que se hace ahora.
La OEA, con la fallida intervención de la diputada María Corina Machado, demostró de parte de quién está. Unasur nunca envió la comisión que prometió embarcar hacia nuestro país para analizar la situación. Esto deja el camino abierto para resolver todo desde adentro, sin mediadores, sin la tabla de la mesa que le hace falta a este par de patas tambaleantes.
(Video de María Corina Machado que no pudo mostrar en la OEA)
Si hubiese alguno, una de las partes debe ceder en su criterio de “solvencia moral” para lograr integrarlo al diálogo para que finalmente ayude a solucionar este juego de “hashtags” en Twitter, de intolerancia y de desconfianza.
Por ahora vivimos en la tierra donde sigue siendo necesaria la paz tanto como el pollo y que requiere entender la frase que inmortalizó otro mandatario norteamericano: se puede ganar con la mitad pero no se puede gobernar con la mitad en contra.
¿Adiós a las protestas?
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| Sin crédito. Publicada por El Toque |
Las protestas estudiantiles en Venezuela llegan a un punto clave ante el llamado de las universidades de reiniciar actividades académicas.
Se despliega el comunicado a media página. Las universidades del país, a través de sus autoridades, se pronuncian en varios diarios nacionales. Piden que cese la hostilidad. Que comiencen las clases. Que todo vuelva a la época en la que igual había inseguridad, inflación, desabastecimiento y caída de la producción nacional, pero no existían protestas.
Van 26 días de manifestaciones. 23 muertes. 41 personas privadas de libertad. 1224 detenidos. La parte burocrática de la academia quiere que finalice esto, que haya paz y le da la palmadita de consuelo en la espalda a los estudiantes. El padre susurrara al oído: “ya hijo, es hora de continuar”.
”¿Así o más claro?”, desafía en Twitter un venezolano en el comienzo de sus veinte. El tweet muestra el mensaje ”prefiero perder un trimestre o semestre de mi carrera que perder mi carrera al graduarme y vivir en un país sin oportunidades”, acompañado de la consigna ”el que se cansa, pierde”.
La verdadera prueba, la que definirá este juego, se toma entonces en la calle y no en un pupitre dentro las universidades. El decálogo de rebeldía viene con nueva pregunta: continuar con marchas, movilizaciones, barricadas en calles y hasta cacerolazos o ceder, guardar los macundales y dar marcha atrás utilizando la frase inmortalizada por Hugo Chávez Frías: por ahora.
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| Carlos Garcia Rawlins | Reuters |
La protesta. En 2007, los estudiantes lograron revertir a favor de la oposición los resultados del referendo que el chavismo reconoce abiertamente como su ”única derrota” electoral. En 2009, las toldas le dieron una fría nalgada a la causa porque todos los políticos se veían beneficiados con la petición del presidente: tener la infinita oportunidad de relanzarse al cargo.
En 2014, con nuevo mandatario, con una desconocida pero vigente crisis económica y sin votaciones a la vista, los estudiantes responden al llamado de ”La Salida”, el paquete de manifestaciones en parte del dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López.
La protesta incluye a las barricadas, esas incómodas estructuras que han colapsado ciudades venezolanas durante tres semanas contínuas y que tienen tantos fanáticos como detractores.
En algún momento de esta historia, un ala de los partidos que adversan al oficialismo criticó la imposición de estos obstáculos en las calles. Los propios vecinos, a los que se les hacía el llamado de atención, las rechazaron. Sin embargo, siguen en algunos municipios.
Sin liderazgos designados, con sorpresiva capacidad de movilización, esta forma de criticar a la administración de turno fue tomada por jóvenes vestidos con zapatos de goma y jeans, de celulares con Twitter y Zello en mano y con ideas difusas que el gobierno logró aclarar tras sus métodos de represión y de censura.
Estos grupos lograron posicionar en el mundo la situación de Venezuela en tiempos de hegemonía comunicacional del estado, de escasez de papel para periódico y de bloqueos selectivos en Internet.
Por eso el siguiente paso, en el que encuentra en su camino el dilema de regresar o no a clases, resulta tan esencial en el conflicto criollo como lo fue en su momento el proceso electoral de 2009 para el propio Chávez.
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| Jorge Silva | Reuters |
El contexto. En 2013 las universidades públicas decidieron cerrar sus puertas. Trabajadores, obreros, investigadores y docentes acordaron no seguir trabajando hasta que el gobierno venezolano hiciera revisión de sus beneficios salariales.
La protesta para entonces incluía marchas, toma de esquinas y hasta clases magistrales, una especie de explicaciones en aulas a cielo abierto donde los transeúntes serían los alumnos.
Decir que todos los estudiantes querían regresar a clases es mentir. Un sector lo tomaba como cortas vacaciones. Otros simplemente recriminaron a sus profesores. Al final hubo acuerdo, con mesas de diálogos entre todas las partes, y la vida transcurrió con aparente normalidad.
En este nuevo contexto político y social, el del 2014, se les unió en las decisiones los institutos privados. No hubo esa misma intensidad en la movilización como en el año anterior pero sí actos de solidaridad, al punto de ver educadores detenidos junto a sus aprendices universitarios.
No surgió reflexión por parte de las escuelas de Ciencias Políticas, Derecho, Comunicación Social o Sociología -¿cómo las habría en todo caso con las ausencias laborales?- pero sí esfuerzos centrados en asesorar a los manifestantes arrestados.
Comenzar nuevamente clases, después de carnaval y hasta de varios días declarados como no laborales, implica reencontrar esas micro-comunidades que tienen semanas sin pisar el mismo espacio juntos, de obligar las conversaciones de personas que quizás quieran lo mismo para el país pero que aún no engranan sus esfuerzos en una misma dirección.
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| Jorge Silva | Reuters |
Un cambio. Una encuesta de la Universidad del Zulia pregunta en su cuenta principal de Twitter: “¿Deben las universidades abrir sus puertas durante las protestas que se desarrollan en el país?”. 9 mil 68 personas (un 62 por ciento de los entrevistados) eligieron la opción: “No, los estudiantes en este momento deben estar en en las calles luchando por sus ideales”.
Al menos en redes sociales se puede inferir una tendencia, pero hasta el uso de Internet ha cambiado. Los profesores ya no tendrían en los salones ante sí jóvenes que usan Instagram sólo para selfies sino para registrar con fecha y hora cuanto ocurre en su localidad, por ejemplo.
El consumo de información ha dejado de ser pasivo para producir contenidos que se juntan con hashtags o etiquetas en donde se informa al mundo de lo que sucede en Venezuela, un campo que se ha desarrollado sobre la marcha y no en las aulas.
Hay que reconocer que ya no es época de paraguas sino de intemperies. Si el investigador, el docente acepta aprovechar esta movida colectiva, toca convertir la clase en una pista de baile donde se pone el tema y moverse, sacudir la cabeza.
Los estudiantes, por su parte, necesitan entender que la universidad es suya, que hay que sentirla como su espejo: si no la ven como el reflejo de sus sueños, al igual que el país, es porque tienen que entender que no están soñando y que deben...despertar.
No se puede forzar la conclusión de este proceso en pleno desarrollo. Simplemente toca señalar que la noticia se escribe y que son los jóvenes, los que le decían cuando niños que serían el futuro, los que finalmente puedan terminar de redactarla.
¡Ay, diálogo!
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| Foto: AVN |
Comencé a buscar la palabra diálogo en el diccionario de la Real Academia Española y me encontré una definición que mordía la cola de otra respuesta. Una infinita acción sobre otras que no lleva a nada.
Venezuela protesta: ¿Marchas criminalizadas o criminales en marcha?
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| Foto sin crédito. Publicada por VVperiodistas |
Venezuela regresa a los titulares por sus movilizaciones. Mientras el gobierno indica que esquiva un golpe de estado, la oposición activa las alarmas de los derechos humanos ante las acciones generadas tras las manifestaciones.
Post original para El Toque, de RNW
Para poder sustentar este texto la tarea consistió en ir “favoriteando” todo el contenido que saliese publicado sobre Venezuela en Twitter desde el pasado 12 de febrero hasta la fecha. La labor no fue fácil.
La línea de tiempo -o timeline- se desbordaba en cada pestañeo con mensajes sobre paralizaciones de calles y avenidas, de advertencias de jóvenes desaparecidos, reportes de estaciones de televisión repentinamente ausentes de operadoras de cable, suspensiones de clases, represiones de protestas e Incluso reportes tan grotescos como los de la violación anal a un joven o el uso de electricidad en las axilas como castigo para otros.
La red social se convirtió en la misma pantalla dividida que en abril de 2002 utilizaron (con la respectiva polémica) los canales televisivos nacionales para denunciar las protestas de entonces y que, irónicamente para estas fechas, cedieron con su silencio ante todas aquellas manifestaciones que concluyen con el mismo anuncio que lanza hoy en día una ligera variación de aquel gobierno: golpe de estado.
La Salida. Convocar una manifestación o marcha en Venezuela ya parece tan normal como hacer cola para comprar el pollo, la leche o la harina para las arepas. El gobierno nacional las ha anunciado recientemente para recordar al líder del llamado “socialismo del siglo XXI”, para el desarme e incluso para llamar a la paz. Los partidos adversos también lo han hecho varias veces por distintos motivos aunque, quizás, ha sido la del 12 de febrero la más significativa: se realizó en año no electoral, no contó con el aval de toda la oposición y tuvo como elemento diferenciador la participación de los estudiantes.
El mensaje también fue claro: no contaba con el respaldo de los medios como otrora y se basó básicamente en las redes sociales, en los mensajes de texto y en el tradicional boca a boca.
"En las calles (...) podemos enviar un mensaje de que estamos aquí, que estamos vivos, que existimos, que el Gobierno no puede seguir ignorando a más de la mitad del país", dijo el dirigente Leopoldo López al convocar la serie de protestas conocidas como “La Salida”.
Si se desarrollaron pacíficamente o no es un tema en el que ambas partes nunca llegarán a consenso. Que terminara con violencia, al menos el 12 de febrero, no tiene discusión.
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| Foto sin crédito. Publicada por Mashable |
La Respuesta. La potente imagen internacional que el gobierno de Hugo Chávez construyó durante quince años en base a la renta petrolera, la administración de su ungido, Nicolás Maduro, la destrozó en menos de dos días.
La respuesta oficial de La Salida fue criminalizar la protesta de una manera que activó las alarmas internacionales al atentar contra varios derechos humanos como la integridad física de los manifestantes. Los derechos de estudiantes y jóvenes en general fueron vulnerados al no seguirse el procedimiento debido durante las detenciones y no darles un juicio justo e incluso mantenerlos incomunicados, engrosando esas largas listas de personas desaparecidas.
No hay cifras oficiales. Se contabiliza sólo aquello que se ha sumado, con calculadora y anotaciones disponibles, provenientes de organizaciones no gubernamentales, observatorios de violencia y alguna que otra declaración de algún funcionario público. La cuenta lleva hasta la fecha 3 personas muertas, más de 200 estudiantes detenidos, 97 en libertad condicional y otros 200 heridos con perdigones. El problema no termina allí.
“Castigar suprimiendo un servicio público a una parte de la población es discriminación”, comunicó en su cuenta de Twitter Liliana Ortega. La abogada se refería a la cancelación de varias rutas del metro y metrobús en Caracas, justamente para mitigar las protestas y que termina afectando a todos los usuarios en general.
“El día que un malandro pida permiso para matar yo pediré permiso para marchar”, señala uno de los tantos mensajes que se han visto en la calle. “Pedir permiso” a las intendencias municipales para realizar una manifestación entra como controversia, pese a que el artículo 68 de la Constitución (que el oficialismo intentó reformar sin éxito en las elecciones de 2007) lo permite.
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| Marcha en Caracas del 18 de febrero. Foto de Juan Leung |
En el mismo texto, a blanco y negro y sin muchos adornos, se recordaba que se podría sancionar a los (que consideraban) infractores mediante artículos específicos de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos.
Esto fue el 12 de febrero, día en el que reportaron cómo medios radiofónicos del interior decidieron autocensurarse al igual que los canales televisivos nacionales, aquellos que apoyaron la pantalla dividida durante 2002 y que entre su desgaste incluyen cierres o reducciones en los tiempos de concesión para transmitir en señal abierta.
Twitter, la misma herramienta que sirvió para denunciar la salida radical de un canal internacional de dos cable-operadoras en Venezuela sufrió su revés al prescindir de su servicio de imágenes. El gobierno y la estatal compañía telefónica Cantv lo niegan. Desarrolladores locales (hoy con sitios Web bloqueados) junto a activistas y entusiastas de la tecnología lo demostraron: hubo bloqueo.
Los antecedentes no ayudan. Todavía se mantiene vigente la interrupción a Internet durante 7 minutos durante las elecciones presidenciales del 2013, durante horas de la tarde, justamente para evitar –según la versión oficial- amenazas desde el exterior.
Así el acceso a la información, una de las variables que junto a la difusión de contenidos permite saber si en un país existe libremente este derecho, se compromete.
Si en algún momento las protestas, las marchas y las manifestaciones que se han generado desde el 12 de febrero llegaron a lucir sin rumbo, su criminalización -en todas su vertientes- les ha dado un rumbo, una nueva importancia que hasta el gobierno ha tomado en cuenta al convocar (bajo otras razones) la suya el mismo día que la oposición y de poder tantear así la calle en un año que no resultará indiferente para ningún venezolano.














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