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Otro días más
Despierta. Son las cinco de la mañana. Ya hay cola en el baño de su casa. Espera media hora, una hora, hora y media. Llega su turno. Se acaba el agua del tanque y desde hace dos días no llega de la calle. Le toca buscar agua de la pipa en el patio para bañarse y luego de unos envases para cepillarse los dientes. Sale a trabajar.
En el camino se tropieza con el mal asfaltado, las aceras irregulares de Maracaibo y con los abusadores al volante. No compra comida en la calle. Desde la escasez de agua, la buena manipulación de alimentos queda entredicha. Llega al trabajo.
La jornada laboral es hasta mediodía por la falta de agua en los baños. La señora que limpia grita más tarde que hay harina de maíz, mayonesa, desodorante y papel sanitario en el supermercado de la esquina. De las cinco horas laborales, se ausenta dos.
La cola en el supermercado es inmensa. Por la medida regional que busca disminuir el contrabando fronterizo (denominado simplemente bachaqueo) debe comprar casi el 10 por ciento de un sueldo mínimo. No puede llevar uno o dos unidades por rubro de los productos regulados si no lo hace.
Llega a su casa. No hay luz. La compañía eléctrica la volvió a quitar pese a que en su cronograma había dicho que no era ese el día de racionamiento. Se va al cine para pasar esas dos horas. El aire acondicionado del mall funciona a media máquina por miedo a sanción gubernamental por gasto energético.
En la taquilla le advierten que puede irse también la luz y que si sucede le reembolsan el boleto. Ya lo sabe. Le ha pasado. Tras la película, quiere ir al baño pero en los cines están cerrados. De los seis que hay en el centro comercial funciona uno con agua únicamente en las pocetas. Se clausuraron los lavamanos por el asunto de la sequía.
Se va a clases. Pide agua embotellada y le dicen que no hay desde hace semanas, posiblemente porque no pueden fabricar las tapas o el propio envase. En el salón la gente se queja de la cola para la gasolina porque se anunció el posible aumento de su precio, de la modelo que asesinaron, quemaron y lanzaron a la orilla de una carretera y hasta de una joven que no pudo recibir el título durante su graduación porque no se consigue el papel para elaborarlo.
Regresa a casa. Afortunadamente el agua entraba por las tuberías. Recoge una buena cantidad en pipotes y en el tanque porque no sabe cuándo puede volver. La compañía hidrológica dejó de publicar en su sitio Web los horarios de distribución. Pese al cansancio, espera. Mientras tanto se pone al corriente con las amistades por teléfono o Internet. El día para todos ha sido casi lo mismo pese a vivir en distintas partes de Venezuela.
Se quiere ir. Tal vez viajar o emigrar. Tiene tarjetas de crédito de sobra pero no hay pasajes ni vuelos. Se limita a maldecir al gobierno y a enumerar las tareas pendientes. Se baña, viste y se tira a la cama. Duerme. Espera otro día más.
Crédito imagen: propia (2014)
Visa para un sueño
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| Composición gráfica: El Toque |
Publicado y editado en El Toque, de RNW
Son semanas, meses, de preparación económica, psicológica, física, las que debe hacerse para optar por una visa americana desde Venezuela.
Desde el momento en el que se llena la solicitud vía Web, se paga el arancel de casi un tercio de salario mínimo en el banco y luego se sacrifican diez de los 300 dólares que el gobierno habilita anualmente para gastar por Internet donde comienza todo el enjambre de nervios.
“Si vas solo, tienes que pedir constancia de estudio y de los ingresos mensuales”, decía una de las personas a las que le pasaba sus conocimientos a alguien de veintitantos que iba a hacer por primera vez su solicitud.
Entre esos saberes populares de familiares, amigos y conocidos surge la recomendación de que es más fácil si se va en familia (con papá y mamá o con hijos) y que si lo vas a intentar te asesoran indicando cómo debes llenar la planilla e incluso, te ayudan a forzar cartas de trabajo, de recomendación o de movimientos bancarios.
“No hagas chistes y trata de no hablar más de la cuenta”, le escuché decir a mi jefe más como una bendición que como una sugerencia ante de solicitarla bajo el mismo esquema del que he escrito hasta ahora: sin mucho que me ate a la tierra que me vio nacer pero con un trabajo estable y con unas ganas inmensas de viajar.
Antes de que la embajada de Estados Unidos suspendiera las citas por falta de empleados (debido a la expulsión de algunos por parte del Gobierno venezolano) se conseguía una oportunidad a ser entrevistado de tres a seis meses. Una vez que se reanudó el proceso, en menos de trece días se otorgaba.
Quedé en ese lote, en el que el tiempo se hizo absolutamente corto y en el que el día llegó más temprano de lo esperado.
El día de la cita
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| Foto: Venelogía.com |
No toma ni veinte minutos llegar y más de treinta personas esperan en las afueras del recinto estadounidense. Tenía razón.
Son familias enteras y jóvenes con carpetas y carteras en mano buscando su oportunidad para ingresar al país norteamericano. Como diría Juan Luis Guerra en su canción: buscando visa para un sueño. Camino lentamente para detallar la fauna: mujeres en su mayoría que no pasan o rozan los treinta años y que parecieran todas salidas de un salón de belleza.
Me acerco al final, a una chica en sus veintes con cabello largo, pantalones violeta ajustados, blusa escotada y armada con una carpeta inmensa de color claro. Nos unió la desinformación. Dejó dicho que se llama Renata.
“Voy al matrimonio de una amiga”, comenta como tarjeta de presentación. Indica que es la primera vez que pide la visa después de que se le venciera la que pidió junto a sus padres hace más de una década. Quiere después viajar, conocer el mundo, aunque le preocupa el alza de precios en los boletos aéreos.
“Me dan de bono navideño 30 mil lucas (Bolívares) y un pasaje a Miami está por los 70 mil (…) No sé a dónde vamos a parar”, lo dice con ciertos aires de resignación.
El cardumen de interesados se mueve hacia un primer punto de control. La chica de atención recuerda expresivamente con qué está permitido ingresar a las instalaciones. Muchos despistados salen nuevamente con discos compactos, baterías de celulares e incluso, con computadoras portátiles.
El segundo y tercer control sirve para hacer un chequeo previo de los papeles, escuchar algunas indicaciones y esperar sentados a los siguientes pasos. Allí escucho la historia de una chica que comentaba cómo su primo tuvo que estar dos a tres días acostado frente a la embajada de Irlanda para tramitar sus papeles antes de que cerrara este mismo año.
Otra, agobiada por las inquietudes de su mamá, comentaba a un señor la sorpresa que fue para ella conseguir pañales, detergente y jabón de tocador en Caracas a diferencia de su natal Puerto Ordaz, donde las colas duran horas para comprar y conseguir estos productos regulados.
“Por eso es que los cerros no bajan para sacar a este bendito gobierno”, comenta haciendo alusión a las barriadas caraqueñas.
En menos de veinte minutos se escuchan nuevas instrucciones, se desarman y se arman nuevas filas y se pasa a la siguiente etapa, en apariencia la última.
La vuelta final
Son las ocho de la mañana, hora original de la entrevista y ya estoy sentado junto a un numeroso grupo de personas en sillas metálicas que se agrupan de a seis. Frente a mí se ubica una familia que ocupa todo un pack de asientos. A los tres hijos, todos varones menores de edad, se les nota fastidiados mientras que los padres lucen somnolientos.
A mi lado se ubica un jugador de fútbol que, por lo que comenta, lleva la carpeta de todo el equipo aunque viene a pedir sólo por él.
Un funcionario nos mueve a la fila final frente a las taquillas donde los empleados consulares dan -frente a una muchedumbre esperando a espaldas- la aprobación o el rechazo a la visa.
Aquí se ve parte de la fauna inicial gritando o llorando, intentando justificar en vano. Otros salen rejuvenecidos con una sonrisa y se alejan hacia al trámite posterior. Es en este momento donde se recuerdan todos los consejos, todas las enseñanzas. Resuena la frase “su visa ha sido aprobada”, pese a que en ningún momento se escucha como uno la imagina.
Se acerca mi turno. A mi lado queda la chica de la cola de la mañana, la de los pantalones color violeta y la larga melena. Renata. Se sonríe. Algo nerviosa pronuncia con voz seca: “suerte”. Le devuelvo el gesto.
Antes de mí se ubica el futbolista, que habla al agente consultar con inglés tosco pero fluido. Esto hace que al retirarse el funcionario preguntase si me podía hablar en este idioma.
Le indico, lo mejor que puedo en su lengua natal, que no hay problema. Se sonríe y me dice que lo hará en español. “Era una prueba”, pensé. Al final no escuché la oración que tanto retumbaba en mi cabeza sino que me devolvía mi pasaporte con un papel con la odiada frase “usted ha sido considerado inelegible”.
Pocos viajes al exterior en los últimos años fueron parte de la justificación. Agradecí y di los buenos días. Bajé al área de taxis y allí estaba la familia de las sillas. También les fue mal pero agradecían haber salido de eso. Me los toparía más tarde en un supermercado comprando detergente, haciendo otra cola más, subsistiendo y pensando en el futuro en cualquier lugar donde no rechazaran los productos o las visas.
miércoles, 11 de junio de 2014
Publicado por: David Padilla g
Amnistía: la palabra esperada
“Quizás las historias que menos toquen los medios, por lo repetitivo que pueda parecer, sea la visión de la familia ante la falta de amnistía”. La Real Academia la Lengua Española, RAE, define amnistía como el olvido legal de delitos. La oposición al gobierno venezolano lo incluye en su diccionario como la carta principal para el proceso de diálogo en el país. Desde aquel encuentro televisado, el pasado mes de abril, entre el gabinete de Nicolás Maduro y las fuerzas políticas que lo adversan, la palabra se ha colado en los titulares por la petición de un instrumento legal donde se dé libertad a todo aquel apresado durante la llamada “Revolución del Siglo XXI”.
Nombrar a Ivan Simonovis, sentenciado a 30 años de cárcel por los sucesos de abril de 2002, es tocar uno de los casos más sonados por su condición médica pero en ese abanico no se sopla al dirigente político Leopoldo López y a los alcaldes Daniel Ceballos y Enzo Scarano, presos civiles en instalaciones militares inculpados por los sucesos del primer trimestre de 2014. Entre toda la carne que no ha caído en esta brasa están los estudiantes, al menos no entre las solicitudes oficiales.
Naibet Soto, una de las activistas en Internet que más ha ayudado a dar luces en el conflicto criollo, resalta como un ejemplo lo sucedido la primera semana de mayo: se llevó a tribunales la audiencia más grande de nuestra historia justamente con jóvenes detenidos por acampar en espacios públicos como medida de protesta. La jornada arrojó un saldo de once presos, cuatro con libertad bajo fianza y 156 bajo régimen de presentación.
“Cada sentencia contra un estudiante es un aval a la criminalización de la protesta, por lo que tenemos 11 nuevos presos políticos”, indicó en su cuenta de Facebook, Soto.
La Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, difiere con el término. En una reciente declaración a la prensa local usó el término para diseccionarlo: “los presos políticos están presos por sus ideas y en Venezuela los privados de libertad tienen delitos”. Esto la ha llevado a decir que estaría de acuerdo con una hipotética Ley de Amnistía “siempre y cuando no implique impunidad”.
La ficha que destranque este juego de dominó quizás se consiga con la sociedad, organizando el clamor y redirigiendo la consulta, ya con más peso, hacia el estado. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha dejado claro que la petición no golpeará sin fuerza en la mesa de diálogo. El secretario ejecutivo de este conjunto de partidos opositores, Ramón Guillermo Aveledo, llegó a asegurar que agotarían todas las vías y eso incluye la recolección de firmas para proponer el instrumento legal ante la Asamblea Nacional.
“Nosotros planteamos en el diálogo la Amnistía, porque pensamos que era el camino más práctico, pero el gobierno no quiere. En eso nosotros tenemos derecho a buscar el respaldo en la gente”, indicó a la prensa Aveledo, dejando claro el camino.
El otro lado
Quizás las historias que menos toquen los medios, por lo repetitivo que pueda lucir, sea la visión de la familia ante la falta de Amnistía. En una carta, de dominio público en 2013, la hija de Ivan Simonovis indica parte de su sentir: “Esta es la segunda vez que les escribo. No me da pena insistirles. El dolor puede más que la pena. Les juro que ya no puedo más. Ya me cansé de llorar. Estoy agotada. Quiero pedirles de nuevo un poco de clemencia. Ya mi papá, Iván Simonovis, y todos nosotros, su familia, hemos sufrido demasiado. Sufrir cansa. Llorar cansa (…) Un gesto de nobleza no les va a hacer perder nada de lo que tienen y, en cambio, los hará más humanos. Quiero volver a tener 15 años y un padre a quién abrazar. No tengo más argumentos. Solo un exceso de dolor”.
Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, en diversas entrevistas ha dejado clara su posición de no rendirse hasta que se libere al dirigente. Se ocupa tres veces a la semana en visitar al dirigente y de ir con sus hijos, Manuela de cinco años y Leopoldo todavía de meses. “(Manuela) me ha preguntado mucho por él. Siempre le digo que está en un entrenamiento militar en un edificio y que estará por un tiempo ahí por Venezuela. Que está haciendo ese entrenamiento para Venezuela y por Venezuela”, dijo recientemente al diario El Nacional.
Su agenda, sin embargo, no coincide con la de la familia de Simonovis o con otros presos en similares condiciones, ni mucho menos con la de la MUD que justamente busca impulsar un instrumento legal para liberarlos a todos. No hay un principal propulsor ni demandante, sólo voces en coro donde se incluye a los padres de estudiantes y a aquellos que ven vulnerados sus derechos.
La amnistía
Según la Organización No Gubernamental Foro Penal Venezolano, ya se han realizado 2 mil 569 detenciones en Venezuela desde el 4 de febrero. Ocho personas detenidas con condiciones especiales, 130 privados de libertad y 1436 personas con medidas cautelares. Todo esto ocurrió mientras se hablaba de diálogo y de paz.
Pedir amnistía para todos ellos se hace imposible y más con las condiciones de proceso penal. La MUD contabiliza entre 2 mil y 3 mil retrasos en enjuiciamientos, por lo que una ley en este tipo debería ser minuciosa, detallada y tomando en cuenta a esta población que sufre una lenta agonía en las cárceles venezolanas mientras determinan si acaso son culpables.
En los últimos quince años el instrumento legal sonó en boca del gobierno venezolano una sola vez: en 2007 cuando mediante decreto fue sobreseído todo aquel relacionado a los hechos de abril y diciembre de 2002, aunque con algunas restricciones. Para entonces, el mandatario Hugo Chávez informó que se haría como “demostración de que queremos la paz y que haya fuerte debate político y social pero en paz”. No hay señales de que se vaya a repetir esa experiencia firmada por un hombre que también obtuvo de un presidente el olvido legal por sus delitos, pero las intenciones están.
Falta ver si llega el tan anhelado momento donde esa palabra se incluya legalmente en el diccionario venezolano.
*Fotografías sin créditos adjudicados. Si conocen al autor o autora, no duden en indicarlo.
Los primeros 365 días de Nicolás
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| Foto sin crédito. Publicada por El Toque |
El ungido de Hugo Chávez llega al primer año de sus seis años en el trono presidencial venezolano. Una breve revisión de su mandato
“Si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, (…) ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.
A las enigmáticas palabras de Hugo Chávez le siguió un momento histórico para el país sudamericano: la elección del sucesor luego de su muerte después de la campaña más corta de la historia reciente y de haber sufragado por el primer mandatario seis meses antes.
Nicolás Maduro fue el hombre. El ex presidente de la Asamblea Nacional, otrora Ministro de Relaciones Exteriores y posterior Vicepresidente de la República se coronó ganador ante el candidato opositor Henrique Capriles Radonski por un polémico y ajustado resultado de menos de 300 mil votos.
Ya había sido presidente desde mucho antes de que el Consejo Nacional Electoral lo certificara. El Tribunal Supremo de Justicia había permitido que hiciese campaña mientras cumplía sus funciones como segundo hombre al mando.
Mientras el país presentaba posteriormente respeto al ahora conocido Comandante Supremo, Maduro se juramentaba como encargado y creaba su cuenta en Twitter.
Días más tarde comentaría desde la casa natal de su antecesor: “Yo sentí el espíritu de él (…) lo sentí ahí dándonos una bendición”, dijo concluyendo que fue el fallecido quien se le apareció en forma de “pajarito chiquitico” para consentir su marcha electoral.
El que ganó para estar seis años sentado en el trono presidencial, el elegido para continuar la revolución del siglo XXI, comenzó su historia entre la burla y la polémica.
El elegido electo
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| Captura: Confirmado.com.ve |
Las cifras estaban a favor de Maduro pero Capriles Radonski, el que participó en tres procesos electorales en menos de seis meses y había ganado uno -como gobernador- no lo aceptaba. El llamado a ilegitimar el proceso se hizo sentir con marchas, protestas y hasta cacerolazos.
Mientras todo esto sucedía, el elegido electo comenzaba su gestión con su tren ministerial, con el anuncio de sus primeras medidas y de la ejecución del llamado Gobierno de Calle en aquellas entidades donde el proceso revolucionario fue duramente castigado con votos.
En su camino instó a investigar si a Chávez le inocularon el cáncer, viralizó en las redes sociales frases como "Hoy tenemos millones y millonas de Bolívar" o "Hay que multiplicar, como Cristo multiplicó los penes" y hasta se cayó de una bicicleta en marcha durante una transmisión oficial.
La venta del otrora canal opositor Globovisión y la posterior renuncia progresiva de sus empleados y productores mantuvo la agenda informativa ocupada mientras Maduro y su revolución coral, basada en el culto al líder eterno, obtenía más de 5 mil millones de dólares de China para atenuar la crisis que desde meses atrás los especialistas financieros vaticinaban.
Finaliza un año
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| Foto sin crédito |
Para el último trimestre de 2013 la escasez de alimentos, de productos, de divisas, repuntó. La inflación se incrementaba a la par del dólar paralelo. Mientras el mexicano Juan Gabriel recitaba sus temas en el Palacio de Miraflores, una parte de Venezuela buscaba saquear locales bajo el permiso y beneplácito del gobierno nacional.
”No dejen nada en los anaqueles”, llegó a decir Maduro obligando a los empresarios a reducir al menos 30 por ciento a los precios de sus mercancías. Para esos días el autoproclamado presidente obrero pedía poderes especiales mediante Ley Habilitante con la excusa de acabar la corrupción hasta dentro de sus filas.
En un ambiente con el instrumento aprobado y con el Viceministerio de la Suprema Felicidad dando todavía de qué hablar, llegaron las elecciones municipales de diciembre.
Desde mucho antes este proceso comicial se veía como un recurso para legitimar al ungido de Chávez y de validar esa pérdida potencial de electores que tanto supo cuidar y mantener el Comandante Supremo hasta su muerte. Lo logró.
Pese a perder las alcaldías más importantes y a no poder posicionar a su selección personal de candidatos como lo hizo apenas un año antes su antecesor con las gobernaciones, el poderío mediático del estado supo orientar su triunfo en el panorama nacional e internacional.
Reunirse con esa oposición recién electa, a la vista de todos en televisión, resultó crear un clima de confianza, de aparente credibilidad que apaciguó los ánimos y que permitió que finalizase un año sin productos en anaqueles, con una exorbitante cifra del billete americano pero con tensa paz.
El fin del primer año
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| Captura: PSUV.ORG.VE |
Los últimos 100 días del primer año de gobierno de Nicolás Maduro resultaron ser no sólo los más convulsionados durante su mandato sino en la historia reciente venezolana.
La escasez de alimentos, la desaparición de las divisas como otro rubro más de la cadena de producción y la reorganización del sistema cambiario con devaluación incluida fueron algunos de los síntomas que se extendieron con las protestas y manifestaciones durante febrero y marzo de 2014.
Las promesas de tabletas electrónicas a los universitarios junto a invitaciones a las conferencias de paz se alternaron con casos de censura a canales internacionales en cableoperadoras locales, estudiantes detenidos en instalaciones militares y denuncias y grabaciones en video de represión por parte de las fuerzas del estado.
Esa poderosa imagen que Maduro supo cultivar dentro y fuera del país durante tantos años con el Presidente Chávez como capitán del navío, lo lanzó a la borda con un solo toque brusco del timón en su mandato.
Ya ese “Somos mayoría” que tanto servía para recordársele a los adversarios políticos perdió su esencia a jazmín para tornarse nauseabundo, difícil de digerir.
Esto lleva finalmente al diálogo formal entre oposición y oficialismo, la reunión televisada en cadena de radio y televisión que se hace, como bien recordaron varios actores involucrados, por primera vez en quince años.
Chávez no tuvo necesidad de hacerlo. Maduro, en el que las encuestas como las de la agencia IVAD no creen que la situación con su gente llegue hasta el 2019, sí.
A horas de acabarse los primeros 365 días de Nicolás, su gobierno recuerda al artífice de la Revolución del Siglo XXI y el intento de golpe de abril de 2002 mientras vive otro momento intenso para recordar, marcar en calendario y en el libro de historia.
jueves, 17 de abril de 2014
Publicado por: David Padilla g
Los que se van, los que se quedan en Venezuela
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| Foto sin crédito. Publicada por El Toque |
La emigración se convierte en un punto álgido al hablar de la situación venezolana. El primer año después de la muerte de Hugo Chávez coincide con el peor conflicto en la historia reciente de Venezuela; el primer año en el poder de Nicolás Maduro, el próximo 14 de abril, colinda con un panorama adicional: el dólar en tres modalidades con el más alto acercándose al del mercado negro; embajadas como la de Estados Unidos suspendiendo sus visas mientras consulados como el de Irlanda se retiran.
En ese contexto se ve a las aerolíneas como Air Canada despidiéndose del país primero por divisas y luego por la falta de diálogo con el gobierno. Al mismo tiempo, empresas de autos y hasta las que fabrican latas anuncian su cierre técnico por no poder cumplir ni con la producción ni con los proveedores internacionales.
Se aprecia entonces en la panadería, en clases, en la parada del bus, en la camioneta que nos mueve a diario, cómo los jóvenes se sienten en esa escena de la película donde la pesada puerta de la cueva va bajando poco a poco y sólo el que se apura o el que pase rodando por debajo de ella es quien finalmente llega hasta los créditos, quien sobrevive lejos del "socialismo del sigloXXI" o si finalmente se queda a enfrentar lo que nos deja la gente del eterno Comandante Chávez.
Los que se quedan
Una chica, del grupo de los más jóvenes, comenta lo tedioso que es hacer la cola en el supermercado para conseguir galletas de soda y detergente, la imposibilidad de salir a la calle con su celular porque se lo roban y todas las artimañas que hace para rendir la mísera mesada que consigue con sus padres.
Entre las conclusiones a las que llega está la de elaborar pancartas de apoyo durante las horas libres en su colegio (al que instancias gubernamentales ha obligado a mantenerlo abierto pese al conflicto) para todos esos manifestantes que entre barricadas y cierre de universidades “resisten” a la embestida de la Guardia Nacional Bolivariana.
Otra chica, esta vez entre los adultos, la mira con suspicacia. Ya había pillado buena parte de la conversación. Se coloca el cabello destrás de la oreja. Toca la montura de los lentes antes de interrumpir toscamente: “tú no deberías ni estar protestando. No puedes votar y lo que vas a hacer es que expropien tu colegio por andar de alborotadora”.
La que está en sus quince o dieciséis años alza la mano hacia su grupo y fija su mirada en su contrincante. Abre completamente los ojos y exclama sin titubeo: “¿para qué coño estoy entonces estudiando si no tengo futuro?”
La discusión la corta el docente con su llegada pero el tema queda y se mantiene en el aire. Ya a la generación que nació y creció durante la presidencia de Hugo Chávez le ha tocado, como a todos, la política.
Están mejor informados porque revisan más Twitter e Instagram que sus padres, aunque éstos también los prefieren ante el periódico con pocos cuerpos o a la televisión que no sale de una larga cadena presidencial.
La misma chica reconoce que durante el recreo, ese tiempo donde los más viejos jugábamos desde tómbola hasta con cartas de Pokemon, se utiliza para ver quién hace la mejor consigna para las marchas y compartirlas después de clases por mensajería.
Los que se quedan ya están obligados a odiar o a amar el proceso. Después de casi 16 años de la llegada de Chávez y de su “Revolución”, sigue sin haber un punto intermedio. Las disputas, la violencia, rozan cada vez más la radicalización, que a su vez se vuelve sistemática al punto de poner en contra a amigos, familias y hasta compañeros de una simple clase de inglés.
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| Foto: Elregional.net.ve |
Irse de Venezuela y terminar extrañando una arepa o un Toddy. Quedarse en el país y no conseguir ni harina de maíz ni leche para hacer la bebida achocolatada. Hasta las diatribas han cambiado.
Emigrar de la patria de Simón Bolívar siempre traía un conflicto interno por analizar el futuro. Ahora ante un vistazo donde las rutas de aerolíneas siguen desapareciendo del radar, el acceso a divisas sigue disminuyendo y las embajadas o consulados se retiran del mapa local, parece que es poco el tiempo que queda para pensar en irse o quedarse.
Los que deciden por permanecer tiene dos opciones: resistir, entre marchas, asambleas e incluso barricadas, o resignarse, aceptar la propuesta de un gobierno que se fortalece de a poquito y que mantiene una oposición dividida.
En esta ecuación parece que no existe proponer, analizar y corregir. Como dice la canción: “¡esto es lo que hay!”. Punto.
No es nuevo el asunto de quienes meten todos sus sueños en una maleta y deciden exhibir su pasaporte y experiencia ante el mundo. Quizás las cifras sean ahora incluso más bajas que antes, en esos tiempos donde Chávez o Maduro eran desconocidos.
El problema es que hay que arrancarse la patria desde las entrañas porque si se decide volver, como turista en ese destino que un ministerio promociona como “chévere”, se puede encontrar la muerte, como pasó en enero con la Miss Venezuela Mónica Spear, o en el mejor de los casos simplemente quedarse porque ninguna aerolínea garantiza el regreso.
En ese proceso de contradicciones, de falta de liderazgo real y de lo más importante, de paz, estamos a diario confiando en que algo bueno o malo pase en este país, enviando cadenas de oraciones o haciendo el chiste con el tema del día.
Entre todo lo que pasa, pese a cualquier crítica, esa consigna que dice “Mamá, me fui a luchar por Venezuela, si no regreso me fui con ella” sigue cada vez más latente, tanto para los que se van como para esos -valientes- que se quedan.
¿Quién puede mediar en el conflicto venezolano?
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| Sin crédito. Publicada por El Toque. |
La situación en Venezuela se mantiene en tensa calma esperando las vías de la solución mediante el diálogo.
La paz se ha convertido en Venezuela en un producto como el pollo o la harina: de gran valor, escasea y muchos hacen cola por ella, o al menos dicen que la hacen. Su ausencia no viene por un proceso de dos días sino de una de serie de acciones sistemáticas a través de los años que se intenta un diálogo como posible solución.
Oposición y oficialismo, incluso desde artistas y cantantes como Cher hasta Gilberto Santa Rosa (pasando por Calle 13 y Jared Leto) reconocen que hay que conversar para obtener la anhelada tranquilidad. ¿Cómo sentar entonces a esas dos mitades del país que a simple vista parecen incompatibles, distantes, tan resbaladizas como el agua y el aceite? “Un mediador”, gritaría alguien en el fondo del auditorio al escuchar esta ponencia.
El problema ahora se plantea como si fuésemos chamos y nos estuviesen leyendo un cuento: ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién sería nuestro Chapulín Colorado que al escuchar nuestro grito de ayuda brinca en medio de la situación y resuelve el conflicto?
El problema ahora se plantea como si fuésemos chamos y nos estuviesen leyendo un cuento: ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién sería nuestro Chapulín Colorado que al escuchar nuestro grito de ayuda brinca en medio de la situación y resuelve el conflicto?
El catolicismo al rescate
La Iglesia Católica tiene un gran reto en Venezuela. Entre 72 y 88 por ciento de la población total se estima que son feligreses. En una entrevista reciente, el arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, indicó que el diálogo era “necesario y posible”. Pese a que en el mismo texto mantiene una clara postura en contra del gobierno, no niega que los sacerdotes puedan mediar en toda la situación.
El problema es no ver los baches en esta calle desde ambas aceras. El Gobierno de Hugo Chávez ha mantenido confrontaciones con el catolicismo por temas que van desde el activismo político hasta la eliminación del subsidio a centros educativos religiosos.
Es el primer punto lo que ha causado quizás más comezón en los que usan la camisa roja. No es lo mismo que un hombre en sotana mencione durante la homilía el problema que se ha convertido conseguir leche a expresarse en contra de las políticas de la “Revolución”.
El ejemplo más reciente pudo verse durante la revuelta de febrero pasado con el Padre Palmar (ese personaje variopinto que siempre nos recordará cómo acompañó al “Comandante Supremo” en sus años mozos) que llegó a ser herido por acompañar en sus consignas a los estudiantes.
Ya no estamos hablando de un sector que ha visto todo lo ocurrido apoyado desde la baranda sino que también se ha sido afectado, como todos, por esa doctrina de “si no me apoyas, estás con el enemigo”.
De tú a tú
La última vez que la oposición y el oficialismo lograron un acuerdo fue en diciembre de 2013. En ese entonces, el gobierno de Nicolás Maduro y los alcaldes electos de las toldas que lo adversan hablaron.
No fue la conversación más fructífera que se ha tenido en esta tierra pero llegaron a puntos en común, o al menos se miraron las caras y tomaron notas, como si se tratase de un choque entre autos y estuvieran intercambiando los datos del seguro.
Ése ha sido el único intento real de diálogo entre ambas partes. Después del horrible mes de febrero, las conferencias de paz han tenido una tibia recepción por los factores políticos.
"Miraflores no es hoy un escenario para el diálogo y no lo será mientras sigan actuando bajo chantaje", dijo en su momento el opositor Henrique Capriles. En entrevistas posteriores reveló que no asistía porque sería darle pie al festín de Maduro y su combo.
¿Cómo desarmar con la palabra si te dan el micrófono y lo retiras de tu cara porque las condiciones no son como las quieres?
El sector privado sí lo aprovechó. Lorenzo Mendoza, presidente (de las difamadas) Empresas Polar aceptó conversar y expuso, en 12 ilustrativos puntos, qué está mal en Venezuela y cómo se podría hacer para solucionar los problemas que realmente le competen.
El atrevimiento, bien argumentado, tuvo repercusión mediática e incluso incidió en las acciones siguientes del gobierno. Pese a que sigue la escasez, la inflación, la inseguridad y la represión, para ese momento fue más efectivo el tú a tú, el cara a cara, que estar hablando en pequeñas ruedas de prensa, que se difunden cada vez menos en los medios, asegurando que el contrincante tiene miedo a debatir.
Que nadie se engañe con las condiciones para hablar. No son las ideales pero al menos pudieran ser pequeñas ventanas donde el “rating” a los canales del estado venezolano obligan a cumplir, a mantener un discurso coherente a la situación.
Lo que nos queda
En 2003, tras el paro petrolero y de la actividad económica en Venezuela, fue un expresidente estadounidense, ganador del premio Nobel de la Paz, el que logró mediar en el conflicto criollo.
Por aquel entonces no había escasez de productos, no se eliminaba un canal de tv de la operadoras sin el debido proceso, o se reprimía las protestas con la intensidad con la que se hace ahora.
La OEA, con la fallida intervención de la diputada María Corina Machado, demostró de parte de quién está. Unasur nunca envió la comisión que prometió embarcar hacia nuestro país para analizar la situación. Esto deja el camino abierto para resolver todo desde adentro, sin mediadores, sin la tabla de la mesa que le hace falta a este par de patas tambaleantes.
(Video de María Corina Machado que no pudo mostrar en la OEA)
Si hubiese alguno, una de las partes debe ceder en su criterio de “solvencia moral” para lograr integrarlo al diálogo para que finalmente ayude a solucionar este juego de “hashtags” en Twitter, de intolerancia y de desconfianza.
Por ahora vivimos en la tierra donde sigue siendo necesaria la paz tanto como el pollo y que requiere entender la frase que inmortalizó otro mandatario norteamericano: se puede ganar con la mitad pero no se puede gobernar con la mitad en contra.
¡Ay, diálogo!
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| Foto: AVN |
Comencé a buscar la palabra diálogo en el diccionario de la Real Academia Española y me encontré una definición que mordía la cola de otra respuesta. Una infinita acción sobre otras que no lleva a nada.













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