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La danza de la lentitud de Internet en Venezuela

Fotografía: @avnVe
En el país suramericano la red de redes se baila con pesados zapatos a la espera de un buen ritmo

*Texto originalmente publicado en El Toque de RNW

“Se nos cayó Internet”, grita alguien en la oficina. Esos momentos imperceptibles en el que la conexión falla varios –de los precisos y necesarios- minutos, de repente se transforman en huecos enormes y puntuales sin el servicio, como el que ocurrió en Venezuela el 17 de enero de 2015.

De ahí la normalidad pasa a la adaptación. La velocidad, una de las más lentas entre un centenar de países en el mundo, disminuye, envejece de a poquito. Pasa primero en el espacio laboral donde los jefes y compañeros van sugiriendo cerrar la pestaña del navegador para racionar el flujo, como si se tratase del agua o de la electricidad, para después bloquear aplicaciones y sitios en la Web bajo la excusa de que hay que economizar el ancho de banda.

En Twitter comentan la lentitud progresiva, pese a las distintas sugerencias de reiniciar el modem o de golpearlo “por arriba” a ver si mágicamente se arregla como cuando  solucionábamos en el pasado la falta de señal en el televisor. La productividad entonces cae en el archiconocido plano de “no hay sistema” mientras la cuenta telefónica aumenta al refugiarse en el plan de datos.

Es un círculo, un baile con una maraña de cables interconectados que se basa en un estructura del estado cuyos beneficios anuales, provenientes de las ganancias por la prestación de esta tecnología, se repartieron en 2014 a otros ministerios y no se reinvirtieron para cubrir la demanda que hoy se vuelve más exigente ante más computadoras, tabletas, consolas de videojuegos e infaltables smartphones.

Todo esto en medio de una creciente ola que surfean jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, que de acuerdo a la firma ComCore LATAM, representa al 40.6% de la audiencia online en la patria de Simón Bolívar.

Los nuevos rituales

“Ando de tienda en tienda a ver si me pego a Internet”, dice Juan Pablo Gil. Tiene 18 años. Pasea en un mall de la ciudad de Maracaibo con la Canaimita de su hermano Luis, uno de los equipos que el gobierno nacional le dio para las clases “pero que nunca usó porque no hay WiFi en el liceo”.
Pese a que Cantv, la compañía estadal de telecomunicaciones, ha colocado señales gratuitas en diferentes plazas y sitios públicos en buena parte de Venezuela, no ha querido utilizarlas por miedo a que lo atraquen en plena vía.

“A veces bajo juegos y series pero nunca me da la batería para que se descargue todo”, comenta a la par de que explica cómo cambió el sistema operativo de software libre a “pirateado” para poder trabajar más cómodo.

Una vecina suya, Katherine, de veintitantos atardeceres, tiene un ritual distinto. “Yo cierro la puerta del cuarto –anteriormente había señalado que vive en una residencia estudiantil- y pongo todo lo que voy a ver en el navegador, en la laptop (…) me voy a bañar y vuelvo a ver si ya todo abrió. Me da tiempo hasta de secarme el pelo”, dice entre risas, repitiendo el ritual tantas veces como sea necesario regresar al baño.

La versión oficial

Fotografía: @avnve
Venezuela cuenta con dos satélites en el espacio exterior, cientos de puntos gratuitos de WiFi y hasta ancho de banda compartido vía cable marítimo con Cuba, pero tiene una de las velocidades de conexión -así como de conectividad- más bajas de América Latina.

Pese a esto, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación y también presidente de Cantv, Manuel Fernández se muestra optimista: “para el 2020 cualquier persona en cualquier punto de Venezuela, en cualquier hora o minuto que necesite y desde cualquier dispositivo que tenga a la mano debe poder acceder a los servicios de telecomunicaciones”.

Basa su comentario en el Plan Nacional de telecomunicaciones, tecnologías de información y servicios postales 2014-2019, un documento –no disponible todavía para su consulta pública- que va cónsono con el Plan de la Patria, ese lineamiento discursivo que marcará el rumbo económico y social del país hasta el fin del mandato presidencial en esta década.

Los sectores clave para mejorar, mediante estrategias de contenido, aplicaciones, infraestructura y conocimiento, son once aunque destaca el de administración pública nacional porque se ve como el primer paso para destrancar y solucionar en otros niveles donde repercute el acceso y finalmente, en la celeridad de la red de redes.

“Haremos todo lo que haya que hacer desde el punto de vista de las políticas del Estado y de las acciones concretas en el área de infraestructura, en el área de las aplicaciones sobre la misma, en la de los contenidos que se intercambian a través de esas aplicaciones y con el conocimiento de todas las áreas necesarias, tanto como usuario como de desarrolladores, para que sea posible ese sueño”, aseguró en marzo de 2014 el titular de la cartera de ciencia y tecnología.

En la espera se mantiene la danza oficial, ese rito de bailar desconectando y volviendo a conectar el modem y de cargar esos pesados zapatos de velocidad a la espera de un agitado pero buen ritmo de Internet.
domingo, 15 de febrero de 2015
Publicado por: David Padilla g

Mientras no hay luz

       

“Se fue la luz”, indica entre la obviedad la doña del apartamentoEn esta oportunidadlas dos de las cuatro horas a la semana del sistema de racionamiento que impone Corpoelec toca entre las 9 y 11 de la noche, o al menos ese es el tiempo que se estima.

En automático se enciende ese protocolo que se ha creado silenciosamente, de forma progresiva ante las repeticiones, donde cada miembro de la familia se alinea para ir a ese punto en el que se ha convertido la terraza, refugio ante el sofocante calor.


“Te asomas por aquí (señala la ventana del estudio) y ves como este otro sector está con luz”, dice Juan, el hijo mayor de la familia. Vive con su mamá,  hermana, hermano y su abuela.


Desde que reiniciaron los ciclos del llamado “Plan de restricción del servicio” (antes denominado “Plan Nacional de Administración de Carga”) siempre les había tocado en momentos donde todos estaban en clases o trabajaban, pero en los últimos meses se han acentuado las interrupciones en horarios donde todos confluyen en la vivienda.  


En su kit de emergencia se incluye una pequeña linterna que compró en el supermercado y un Nintendo 3DS. Comenta cómo en su casa al principio hablaban entre ellos. “Pero ya sólo nos limitamos a esperar (…) mi hermanito sabe que lo primero que debe hacer es agarrar el celular y tuitear”, indica.


A su juicio, una de las prácticas que le dejó los eventos de febrero de 2014 fue reportar en la red social con hora y lugar para que quede reflejada la denuncia, en este caso con el hashtag

 #Sinluz.


“Mi mamá le tenía como miedo a su celular pero con el tiempo libre le ha dado por aprender todo eso”, dice mientras guarda con cuidado lo que considera su arma de protesta: su teléfono inteligente.


Juego a oscuras


Beatriz (o Betty, como le gusta a la mamá de Juan que le llamen)  después de aprender a usar Twitter y Facebook a través de su celular, dice que se olvidó de los canales de televisión que usualmente veía. “Cuando vienen los apagones es que más reviso todo esto”,señala.


Desde que el servicio comenzó a fallar de noche, bajaba los doce pisos del edificio para compartir con los vecinos. “Allí fue que me enteré de que juegan dominó cada vez que se va la luz y hasta un torneo tienen armado con la torre B (el edificio hermano dentro del conjunto residencial)”.

En el salón de festejos de la vivienda se consiguen pocas personas para la cantidad de cerveza que hay. Se mantienen frías, según destaca Betty, porque la nevera de la conserjería escarcha (mantiene el hielo adherido a sus paredes) y pasan horas antes de que se descongele.


El conserje, con remarcado acento colombiano, lo confirma: “Si el apagón cae un jueves o viernes, aquí amanecen bebiendo y jugando incluso después de que regrese la luz”.

Pese a no jugar, Betty asegura que gracias a esta situación pudo ver tanto a opositores como oficialistas contando bajo una cerveza light bien fría y “trancando” la partida, cómo les molesta lo que se vive en el país.


“Yo trataba de mantenerme calladita pero siempre salía el tema de la escasez de cualquier vaina y hablaba. Por lo menos no era la única”, afirma.


Dejó de asomarse a la actividad comunal cuando su mamá no la acompañó más. “Ella ya no quería bajar las escaleras y yo no la iba a dejar sola arriba”. Las actividades entonces se mantienen en casa con abanico teléfono en mano.    


Al preguntársele sobre alguna reflexión de todo lo que ha visto, no lo piensa mucho porque las interrupciones de electricidad le han dado –en apariencia- la oportunidad de construir la respuesta: “El estado, con la ley del trabajo, nos da dos días continuos de descanso que por alta inflación no puede ser más que en la casa (…) pero llegas y no hay luz y tampoco agua porque además de que está racionada la bomba enciende solamente con electricidad. Ya casi que va a ser insufrible hasta respirar”.

La bombilla se enciende tras dos horas, anunciando que se acabó el racionamiento, al menos por ese día. La misma fila que llevó a Juan y a Betty junto a su familia a la terraza los lleva a sus camas. El último que queda, que decidió rezagarse o simplemente fue al baño, le toca apagar la luz y dormir.


Crédito imágenes: propias (2014)

domingo, 27 de julio de 2014
Publicado por: David Padilla g

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